El presidente estadounidense Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de enfocarse en los problemas internos de EE.UU. Como tantos presidentes norteamericanos antes que él, no ha cumplido con esta promesa, sino ha lanzado nuevas aventuras militares en países lejanos. El exitoso secuestro del presidente venezolano aparentemente le ha despertado el apetito por más. Representa un peligro para el resto del mundo. Y para el mismo EE.UU.

Los países occidentales utilizan cada vez más las sanciones contra sus adversarios, a pesar de que la mayoría de los estudios muestran que las sanciones no logran los objetivos establecidos, causan un enorme sufrimiento humano en los países víctimas de las sanciones, y crean problemas para los propios países occidentales. La ola de refugiados de Siria es un ejemplo. Las sanciones contra Afganistán sin duda crearán una nueva ola. Bienvenidos a la Política Exterior 2.0.

Los ataques con armas químicas al suburbio rebelde de Damasco, Ghouta del Este, el 21 de agosto del año pasado nos llevó muy cerca a un ataque militar de EE.UU. a Siria. Fue cancelado a última hora cuando el Presidente Ruso, Vladimir Putin, logró un acuerdo con el gobierno sirio sobre la destrucción de todo su armamento químico. ¿Pero quién estaba detrás el ataque en Ghouta? Los EE.UU. y la mayor parte de los gobiernos occidentales no tienen duda: fue el gobierno sirio. Los rusos – después de vacilar un rato – terminaron señalando a los rebeldes sirios. Sin embargo, las pruebas de ambas acusaciones son escasas. Esto nos deja con unas dudas preocupantes. ¿Será que nos han tomado el pelo – una vez más?