La intención de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia, alegando razones de seguridad nacional, ha llevado a la OTAN a afirmar de repente que necesita fortalecer su poderío militar en el Ártico. Una zona hasta ahora relativamente pacífica se ha convertido en un nuevo escenario de tensiones militares y carrera armamentística. Es una locura completa.
Thorbjorn Waagstein
Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.
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“En Estados Unidos no tenemos ningún interés en ser guardianes bien educados y ordenados del declive controlado de Occidente”, declaró recientemente el secretario de Relaciones Exteriores de EE.UU. Marco Rubio. Y añadió: “Vamos a renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad”. Así que su mensaje es: “¡El imperio está de regreso!”.
El presidente estadounidense Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de enfocarse en los problemas internos de EE.UU. Como tantos presidentes norteamericanos antes que él, no ha cumplido con esta promesa, sino ha lanzado nuevas aventuras militares en países lejanos. El exitoso secuestro del presidente venezolano aparentemente le ha despertado el apetito por más. Representa un peligro para el resto del mundo. Y para el mismo EE.UU.
El sistema político y económico internacional está cambiando y China es fundamental para este proceso. China ha crecido rápidamente durante décadas, pero ¿continuará así? El país se enfrenta a numerosos desafíos y, como siempre, hay observadores que predicen que terminará en un fracaso. Esto no es nada nuevo. ¿Tendrán razón esta vez? Probablemente no.
No cabe duda de que China, una potencia económica cada vez más competitiva, representa un desafío económico para la Unión Europea. Sin embargo, el discurso de los líderes europeos va mucho más allá del desafío económico. Ahora dicen que China es una amenaza militar. Entre los más duros detractores de China se encuentran la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen; la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas; y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. Sigue siendo un misterio qué pretenden lograr.
La principal razón por la que la Unión Europea, a diferencia de China, cedió ante la ofensiva arancelaria de Donald Trump sin oponer resistencia, no radica en que su dependencia comercial de EE.UU. sea mucho mayor que la de China, sino en que la UE tiene otras prioridades, principalmente Ucrania; sus fuerzas militares dependen de EE.UU.; su burocracia está mal preparada para este tipo de conflicto; y la unión carece de coherencia interna si decidiera defenderse. Por lo tanto, es una presa fácil para un depredador como Trump.