Hay muchos estudios que muestran la ineficacia de las sanciones y el daño que causan. Para un resumen, consulte, por ejemplo, este artículo del centro de estudios conservador Cato. No vale la pena repetir todo esto aquí.
Surge la pregunta, por qué las sanciones son tan populares entre los políticos tomando en cuenta su falta de efectividad. En primer lugar, hay una explicación positiva. Las sanciones se ven como una alternativa a la acción militar (invasión, guerra, bombardeos), y efectivamente, si la alternativa es la guerra, debemos aceptar las sanciones como el mal menor. Pero la otra explicación es el argumento de que “tenemos que hacer algo”, cuando hay reportes de violaciones a los derechos humanos, procesos electorales injustos, supresión de ONG, golpes militares o similares. Los defensores más vociferantes son normalmente organizaciones de derechos humanos y un debate desapasionado sobre el tema es imposible ya que las personas que están en contra de las sanciones son etiquetadas como partidarios de este o aquel “régimen” o como “idiotas útiles”. Las voces que apoyan las sanciones son a menudo una extraña coalición de guerreros de la Guerra Fría y grupos de derechos humanos, y políticamente cuentan con el apoyo tanto de partidos de derecha como de izquierda.
Pongamos por el momento a un lado las sanciones dirigidas a los países que EE.UU. considera “adversarios” (China, Irán, Rusia, etc.), cuyo objetivo normalmente es simplemente debilitar al adversario en una competencia geopolítica, e pasemos por alto la falta absoluta de coherencia en la defensa de los derechos humanos (se condena la sangrienta guerra del gobierno sirio contra los rebeldes islamistas, mientras que la guerra en marcha liderada por Arabia Saudita contra los rebeldes Hutíes en Yemen, donde el número de muertos ahora asciende a 377.000, se enfrenta con un silencio ensordecedor). Consideremos más bien las sanciones contra dos países más pequeños que EE.UU. y la Unión Europea consideran que se están portando mal: Siria y Afganistán. (He analizado las sanciones contra Venezuela aquí.)
Empezando por Siria, no hay duda de que durante la guerra civil se cometieron graves abusos contra los derechos humanos, tanto por parte de los rebeldes islamistas como por parte de las fuerzas gubernamentales. Desde que las fuerzas gubernamentales recuperaron el este de Alepo en 2016, el gobierno sirio controla la mayor parte del país, excepto partes del este y el noreste, ocupadas por las fuerzas estadounidenses y kurdas, y el norte, ocupado por fuerzas turcas y sus aliados islamistas. Los rebeldes islamistas apoyados por EE.UU., la UE y sus aliados en Oriente Medio han sido derrotados, así que la realidad es que el presidente Assad todavía está en el poder y de hecho gobierna la mayor parte de Siria. Siria ha estado bajo sanciones económicas extremadamente severas por parte de EE.UU. y la UE desde 2011, que están causando dificultades increíbles para el pueblo sirio. Millones han abandonado el país y muchos de ellos han emigrado a la UE (más de medio millón solo a Alemania). Incluso si quisieran regresar, ¿para regresar a qué? Las sanciones han hecho que todas las operaciones económicas normales sean extremadamente difíciles. ¿Cuál es el propósito de estas sanciones? ¿Castigar al pueblo sirio por no haber apoyado a los rebeldes islamistas contra el Gobierno? ¿O castigarlo por no iniciar una nueva rebelión? ¿O incentivar a más sirios a emigrar a la UE? Es hora de cambiar de política. EE.UU y la UE no tienen que cooperar con el gobierno sirio, simplemente deben dejar de castigar al pueblo sirio con sanciones que hacen que las relaciones económicas normales con el mundo exterior sean casi imposibles (en particular, las llamadas "sanciones secundarias" contra empresas en países que no están sancionando a Siria). Dar a los sirios la oportunidad de recuperarse no es "moralmente inaceptable" y no implica un perdón a las violaciones de los derechos humanos. Es moralmente inaceptable continuar con el régimen de sanciones. ¡Denle una oportunidad al pueblo sirio, cualquiera que sea su gobierno!

El Citadel de Aleppo, Syria, ha sido reconstruida después de la guerra, pero debido a la sanciones la reconstrucción de la ciudad va muy lento. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Citadel_of_Aleppo.jpg
Y luego Afganistán. Después de la invasión y 20 años de ocupación por parte de las tropas de la OTAN, el gobierno apoyado por la OTAN y su ejército colapsaron el año pasado con muy poco derramamiento de sangre. Simplemente se desplomó y el presidente Ghani huyó del país. Los rebeldes islamistas, los talibanes, no son gente simpática. Parecen más bien algo sacado de una novela medieval de terror. Pero ganaron la guerra contra el país más poderoso del mundo, EE.UU., y sus aliados de la OTAN, y nadie puede cuestionar que de hecho gobiernan el país.
Ahora bien, ¿cuál ha sido la reacción? Los países occidentales han cerrado sus embajadas y no hay relaciones diplomáticas con el nuevo Gobierno. Han congelado todos los activos del gobierno afgano, incluidas las cuentas bancarias donde se encuentran las reservas de divisas del Banco Central afgano. Se ha cortado toda la ayuda al país con la excepción de un poco de ayuda humanitaria de parte de algunas agencias de la ONU. ¿Qué es exactamente lo que las potencias occidentales esperan sacar de esto? ¿Que el gobierno talibán se desplome como lo hizo el gobierno de Ghani? ¿Una invitación a las tropas de la OTAN para que regresen? Vale la pena recordar que la economía afgana está completamente distorsionada después de 20 años de ocupación, donde todo ha girado en torno a las fuerzas de ocupación y su dinero, haciendo que la economía dependa totalmente de ello (desde funciones de apoyo a las tropas extranjeras y las ONG, financiamiento del ejército, la policía y el Gobierno general, impregnados de corrupción, etc.). Será difícil lograr que una economía "normal" vuelva a funcionar. Y mientras el país esté aislado, sus agricultores continuarán con el cultivo y comercio del opio, que por cierto prosperó durante la ocupación extranjera.
De nuevo: ¡denle una oportunidad al pueblo afgano y háganlo rápido! No es necesario simpatizar con los talibanes para darle al país la oportunidad de volver a levantarse. Se debe reanudar la diplomacia (y por supuesto aprovechar para decirles a los talibanes, que su trato hacia las mujeres y las niñas es inaceptable). O continuar aborreciendo al gobierno talibán afgano, recostarse, disfrutar del sufrimiento y estar preparado para millones de refugiados afganos que intentan llegar a Europa para escapar del hambre y la miseria.
En algunos temas internacionales los noruegos han tomado iniciativas loables. Su participación como mediadores junto con Cuba en las negociaciones de paz en Colombia a pesar de la oposición de EE.UU. es un ejemplo. La iniciativa de invitar a una delegación del Gobierno afgano a Noruega es otra. Ha habido comentarios de que era inconcebible que el gobierno noruego hablara con personas que han llevado a cabo ataques terroristas contra soldados noruegos. Bueno, si uno quiere la paz, esto es lo que se hace cuando termina una guerra, particularmente cuando uno perdió la guerra.

Trum demuestra su firma a las sanciones contra Irán en 2019, que han sido continuadas por Biden. Sanciones son fáciles de imponer, pero difíciles de levantar. Foto oficial de la Casa Blanca Photo by Joyce N. Boghosian
Si bien es fácil introducir sanciones, es extremadamente difícil lograr que una mayoría política las levante nuevamente, ya que las propuestas para levantar las sanciones se presentan como una intención de condonar violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, debe recordarse que el castigo colectivo durante una guerra se considera un crimen de guerra. Las sanciones que castigan a la gente común para castigar a personas que, con o sin razón, son acusados de violaciones de derechos humanos (Assad, los talibanes, quien sea) son sanciones colectivas y, por lo tanto, en sí mismas violaciones de los derechos humanos (el hecho de que, por ejemplo, la organización “Human Rights Watch”, estrechamente vinculada al gobierno de los EE.UU., apoye este uso de las sanciones es revelador). Pero las sanciones que castigan a la gente común son inaceptables como herramienta de política exterior y deben considerarse crímenes contra la humanidad.
