Todas las guerras tienen un fin, y la de Ucrania también.
Como se afirma muchas veces, todas las guerras terminan en algún momento, y eso también es válido para la guerra de Ucrania. Se puede ver ahora claramente el cansancio con la guerra en Ucrania y también entre algunos de sus patrocinadores occidentales, a pesar de la insistencia reiterada en continuar “el tiempo que sea necesario”. Hasta ahora ha habido un acuerdo tácito dentro de la OTAN de no discutir abiertamente la opción de una paz negociada, por lo que el lema sigue siendo que Putin es el nuevo Hitler y que cualquier salida que no sea una derrota rusa es inaceptable. Pero según los rumores las discusiones ya se dan en los pasillos.
La OTAN tiene un acuerdo con el gobierno ucraniano: “Nosotros ponemos dinero y armas, y Uds. ponen los soldados”. El gobierno ucraniano está ahora utilizando métodos cada vez más despiadados y violentos para capturar a sus ciudadanos reacios y enviarlos a una muerte casi segura en las trincheras. Este esfuerzo es aplaudido por los países de la OTAN. A los políticos, de derecha a izquierda, les importa un bledo el destino de los hombres ucranianos quienes, contra su voluntad, son enviados a los campos de exterminio. Es aparentemente un sacrificio necesario para alcanzar los objetivos nobles de la OTAN.