Parece que las sanciones no han tenido las desastrosas consecuencias esperadas para Rusia en comparación con, por ejemplo, Irán, Venezuela y Cuba, al menos a corto plazo. Pero, ¿qué pasará a largo plazo? ¿Será que la economía rusa se derrumbe o se estanca? ¿O podrá sobrevivir y tal vez incluso prosperar? La historia nos dice que ambos escenarios son posibles y que el resultado depende en gran medida de qué tan bien se maneja la situación y de la legitimidad del liderazgo político.