El mundo ha visto antes rupturas dramáticas del comercio internacional, más recientemente durante la gran depresión de los años 1930 y la Segunda Guerra Mundial. Obligó a los países de todo el mundo a mirar hacia adentro para el desarrollo y encontrar sustitutos para los bienes que ya no era posible importar. Como resultado surgieron nuevas industrias en muchos países, y muchos países en desarrollo, particularmente en América Latina, continuaron protegiendo la producción nacional, también después de que se reanudó el comercio mundial y ya no era una necesidad. En Japón y el Sudeste Asiático, la protección de las industrias nacionales también era común y impulsó el desarrollo económico de las llamadas “economías de los tigres”, pero a diferencia de América Latina estuvo acompañado de una política agresiva para estimular las exportaciones de bienes industrializados. Un país que busca fomentar la producción local sigue necesitando algunas importaciones, más que todo de bienes de capital, y, por lo tanto, divisas para pagar por estas importaciones. América Latina dependía de las exportaciones de materias primas y bienes agrícolas, y estos bienes atravesaron durante la posguerra un largo período de precios decrecientes en comparación con los bienes industriales importados, creando problemas recurrentes de balanza de pagos y por ende falta de divisas (a menudo llamado “estrangulación externa”).
Como es bien sabido, los países del sudeste asiático finalmente tuvieron éxito, mientras que no terminó bien en América Latina.
El mayor riesgo: productos inferiores y más caros
El principal riesgo de una política basada en la sustitución de productos importados por producción nacional es que los productos nacionales resulten ser inferiores o más caros, o peor, ambas cosas. La razón es que el mercado interno muchas veces no tiene el tamaño suficiente para que más de una empresa alcance una escala en la que pueda operar eficientemente, por lo que se convierte en un monopolio que puede vender lo que quiera a un precio que ella misma fije. En muchos ramos de la economía no es un gran riesgo, ya que la escala mínima para una producción eficiente es pequeña (digamos agricultura, industria de alimentos, servicios y similares), pero en otras la escala mínima eficiente de producción es grande (digamos la industria automotriz o producción de algunos artículos para el hogar), o los costos de investigación y desarrollo son altos en comparación con los costos de producción, por lo que es necesario un alto volumen de ventas para recuperar la inversión en investigación y desarrollo (por ejemplo, industria farmacéutica, industria de software, maquinaria pesada como turbinas, motores para barcos o aviones, semiconductores y diferentes máquinas pesadas y especializadas).
Esto implica, por supuesto, que la política tiene mejores posibilidades en países grandes que en países pequeños, por lo que Rusia está mejor posicionada que, por ejemplo, Irán, Venezuela o Cuba, y China está mejor posicionada que todos ellos. Pero incluso en países grandes, la escala a veces se convierte en un problema y, en casos extremos, es un problema incluso a escala mundial. Tomemos el ejemplo de la industria aeronáutica, donde solo dos empresas, Boeing y Airbus, dominan completamente el mercado mundial (un duopolio que tanto Rusia como China ahora están tratando de romper). O el caso de la holandesa ASML, que es la única empresa en el mundo que produce equipos de litografía avanzados para la producción de semiconductores (chips) (y ha sido obligada por EE.UU. a no vender a China).
¿Cómo asegurar precios y calidad?
¿Qué puede hacer un país sancionado para evitar terminar con una producción nacional inferior y/o demasiado costosa, o peor aún, ambas cosas y además dificultades recurrentes con falta de divisas?
Si el mercado local es demasiado pequeño para asegurar una competencia real, se puede exigir que una cierta parte de la producción se exporte, demostrando así que es competitivo, y al mismo tiempo ayuda a alcanzar una mínima escala eficiente de producción. Por supuesto, esto puede ser difícil cuando parte del mercado mundial está fuera de alcance debido a las sanciones. Otra opción es exigir que los productos cumplan con estándares industriales internacionales bien definidos y exigir que los precios estén dentro de un rango de precios de productos similares en el mercado internacional (llamado benchmarking). Este es necesariamente un procedimiento burocrático engorroso, propenso a la corrupción, pero difícil de evitar.
Una estrategia común es concentrarse en sectores estratégicos y evitar tratar de producir todo localmente. En el caso de Rusia, pueden en muchos casos encontrar productos de calidad razonable en China, India u otros países que no participan en las sanciones. Un factor limitante puede ser que las principales empresas de primer nivel en estos países no estén dispuestas a cooperar por temor a las sanciones "secundarias" de EE.UU. y la UE, por lo que posiblemente solamente empresas de segundo nivel estén dispuestos a cooperar (un desafío frecuente para Cuba).
En los casos donde el mercado interno es demasiado pequeño para poder recuperar inversiones mayores en investigación y desarrollo, es frecuentemente necesario subsidiar los costos de desarrollo de las empresas nacionales en sectores estratégicos, y también darles una garantía para las ventas futuras en el caso de que se levanten de repente las sanciones. Parece ser una de las estrategias seguidas actualmente por Rusia, donde se están adjudicando contratos de desarrollo a empresas privadas o públicas para productos específicos considerados esenciales (como por ejemplo máquinas herramienta, motores para aviones, turbinas de gas, motores diesel-gas para barcos grandes y diversos componentes para la industria aeronáutica y automotriz), combinado con ventas garantizadas suficientes para recuperar la inversión.

La mayor empresa automotriz rusa, Avtovaz (que produce automóviles Lada), ha sido propiedad mayoritaria de Renault desde 2008, pero Renault ahora se retiró y vendió su participación a la empresa estatal Rostec (por un rublo). La falta de piezas de automóviles provenientes de empresas occidentales obligó a detener la producción durante varios meses. La producción se reanudó en junio de 2022, pero sin componentes avanzados como bolsas de aire, aire acondicionado, sistema de navegación y frenos ABS. Según sky-news, todas estas componentes ya se volvieron a incluir en agosto de 2022, excepto los frenos ABS, que, según se reporta, seguirían pronto, ya que Avtovaz ha encontrado proveedores alternativos, nacionales y extranjeros.
Sin embargo, existe un alto riesgo de corrupción, ya que la falta de la disciplina que impone la competencia internacional obliga al país a apoyarse en medidas administrativas. Cierta corrupción es inevitable, pero no impide necesariamente que el sistema funcione, a menos que se salga completamente de las manos.
Governanza neoliberal
El mayor desafío es la gobernabilidad política. En países que se basan en la protección de la producción local, todo se politiza y la mayoría de los conflictos involucran casi inevitablemente al Gobierno, incluso en una economía capitalista. A veces se forman alianzas locales para sacar dinero de la economía nacional, particularmente en sectores monopólicos, a veces incluso involucrando alianzas entre empresas y trabajadores para aumentar los precios y salarios en detrimento de otros sectores.
Este desafío de la gobernanza política fue lo que en última instancia allanó el camino para la revolución neoliberal Reagan-Thatcher en los años ochenta, y esta innovación política se extendió rápidamente a la mayor parte del resto del mundo. Ante las dificultades para gobernar sociedades inquietas y relativamente igualitarias, se introdujo la disciplina de mercado abriéndolas a la competencia exterior, dejando que las empresas más débiles quebraran e importando mano de obra barata mediante el aumento de la inmigración para mantener bajos los salarios. Y funcionó según lo previsto. Condujo a la desindustrialización en los EE.UU. y la mayor parte de Europa (la famosa sociedad posindustrial), los sindicatos se debilitaron hasta el punto en que son una sombra de lo que fueron, la inflación de precios y salarios prácticamente se detuvo y la desigualdad aumentó en casi todas partes, así como ahora está bien documentado. En América Latina, esta nueva disciplina se introdujo a través de golpes militares en la mayoría de los lugares (más notoriamente en Chile, Argentina y Uruguay), y en el sudeste asiático los países estaban bajo diferentes tipos de gobiernos militares u otros gobiernos autoritarios (militares en Corea del Sur y Taiwán, gobierno colonial inglés en Hong Kong y un sistema parlamentario restringido en Singapur).
Governar a través de la legitimidad
En sociedades sancionadas, la gobernanza neoliberal no es una opción, por lo que la gobernabilidad se convierte en el principal desafío. Debido a la necesidad de equilibrar la presión de los diferentes actores económicos, no solo entre el trabajo organizado y el capital, sino también entre los grupos de capital y las pequeñas empresas organizadas, estamos muy lejos del estado neoliberal minimalista, y no se puede aducir la “política necesaria” debida a la competencia internacional para imponer una política considerada injusta por partes de la sociedad. Si el gobierno no es capaz de reconciliar las demandas contrarias, puede generar disturbios o una deriva hacia un gobierno más autoritario, incluso si continúan celebrándose elecciones parlamentarias. Por lo tanto, mucho depende de la percepción de la población sobre la legitimidad del gobierno. Mientras la economía se maneje con prudencia y la mayoría de la población no considere que el acto de equilibrio entre los diferentes sectores de la sociedad sea demasiado injusto, el gobierno puede sortear estos desafíos. A esto se suma que las sanciones por sí solas tienden a aumentar la legitimidad del Gobierno, ya que se considera que el país está siendo atacado desde el exterior y se puede alegar que los problemas son culpa de fuerzas externas malignas. Pero si el resultado es considerado injusto por amplios sectores de la sociedad, o si prevalece el caos económico, esta legitimidad, por supuesto, desaparece y la agitación política es un resultado probable.
Este último resultado es lo que esperan EE.UU. y sus aliados de la OTAN en China, Rusia, Bielorrusia, Irán, Venezuela, Cuba y otros países que no se están comportando como deben.
