En los países europeos de la OTAN se ha formado un nuevo consenso político que sostiene que, como ya no pueden contar con una garantía automática de seguridad estadounidense, se enfrentan a una amenaza existencial y por lo tanto hay una necesidad urgente de un rearme drástico. Se dice que deberían estar preparados para una guerra con Rusia dentro de tres a cuatro años. Este consenso cuenta con el apoyo de todo el espectro político, de derecha a izquierda. El único problema es que los datos no lo respaldan.