Al parecer, la economía rusa ha resistido las "sanciones del infierno" que se suponía iban a provocar un colapso económico, lo que ha dejado perplejos a muchos economistas y políticos. Pero no es ningún misterio. Sanciones provocan daños, pero también crean oportunidades, sobre todo en países grandes y relativamente avanzados como Rusia. La razón de que a muchos economistas les cueste tanto entenderlo es que se han encerrado en un estrecho universo neoliberal. Lo que está ocurriendo en Rusia tiene un mensaje importante para los países en desarrollo.
Parece que las sanciones no han tenido las desastrosas consecuencias esperadas para Rusia en comparación con, por ejemplo, Irán, Venezuela y Cuba, al menos a corto plazo. Pero, ¿qué pasará a largo plazo? ¿Será que la economía rusa se derrumbe o se estanca? ¿O podrá sobrevivir y tal vez incluso prosperar? La historia nos dice que ambos escenarios son posibles y que el resultado depende en gran medida de qué tan bien se maneja la situación y de la legitimidad del liderazgo político.