Originalmente, la idea era que el Fondo Monetario Internacional (FMI) debería ser el prestamista de última instancia para otorgar préstamos de emergencia a los bancos centrales cuando fuera necesario, pero la mayoría de los países preferirían no tener que recurrir al FMI, ya que implica que el país pierde el derecho a decidir su propia política económica. En particular, la crisis asiática de 1997-1998 y las condiciones humillantes y dañinas que el FMI estableció para brindar apoyo, convencieron a muchos países de la necesidad de acumular reservas para que nunca más tuvieran que pedirle apoyo al FMI. Entre ellos estaban China, Rusia, Corea, Malasia, Vietnam y muchos otros países, particularmente en Asia. Las reservas se pueden acumular a través de un superávit en el comercio exterior, mediante la obtención de préstamos extranjeros por parte del Gobierno o el Banco Central, o mediante la atracción de capital extranjero ofreciendo buenas oportunidades de inversión (por ejemplo, altas tasas de interés sobre los bonos del gobierno). Sin embargo, esta última forma de acumular reservas se considera menos segura, ya que es dinero "golondrina": los inversionistas nacionales o internacionales tienden a sacar su dinero del país a la primera señal de problemas. Para evitar la fuga de capitales y evitar fluctuaciones excesivas del tipo de cambio, hay países que imponen restricciones a la entrada y salida de capital del país (por ejemplo, China y ahora también Rusia).
Como todo el comercio exterior por fuerza tiene que sumar cero (la importación de un país es necesariamente la exportación de otro país), algunos países deben tener un déficit comercial como contrapartida a los países con superávit. Uno de los países con superávit grande es históricamente Alemania y con ella toda la Eurozona. Los otros países con superávit grande durante la última década son principalmente China y Rusia, pero varios países menores, particularmente en el sudeste asiático, también tienen un superávit sustancial. Como contrapartida, el principal país deficitario durante las últimas dos décadas ha sido EE.UU.
Entonces, para que el sistema actual funcione, EE.UU. tiene que mantener un enorme déficit comercial para proporcionar activos (dólares en efectivo, bonos del Tesoro, acciones y bonos de empresas estadounidenses, etc.) a los países que están acumulando reservas. Obviamente, esta no es una solución sostenible a largo plazo. Por supuesto, es conveniente para EE.UU. que pueda endeudarse a bajo costo o de forma gratuita y, por lo tanto, no tenga que equilibrar sus finanzas públicas o su comercio exterior, como tienen que hacerlo otros países más mundanos. Pero también tiene inconvenientes, ya que fomenta la imprudencia (los gastos públicos pueden aumentarse sin necesidad de aumentar los impuestos, por ejemplo para financiar un gasto militar inflado), conduce a un dólar sobrevaluado que hace que el país sea cada vez menos competitivo, etc.
Si un país quiere evitar el FMI, considerándolo un instrumento político de los países ricos (llamémoslos OTAN+) (1), y, por lo tanto, quiere acumular reservas de divisas, se enfrenta al dilema de que las reservas en dólares, euros, etc. corren el riesgo de ser congelados o confiscados, si OTAN+ considera que el país no se está comportando como debe (Irán, Venezuela, Cuba, Afganistán y Rusia son ejemplos, e incluso China ahora está comenzando a percibir el riesgo). ¿Qué alternativas tiene un país entonces para crear un colchón económico ante el riesgo de eventos adversos?

Los países de ASEAN +3 han formado el sistema "Chiang Mai" de intercambio de monedas nacionales. By rdb
El primero es la diversificación y, en particular, evitar la acumulación de reservas de monedas de países que tienen un historial de apoderarse de activos de otros países (en particular, el dólar estadounidense, el euro y la libra esterlina). En 2002, después de la crisis financiera asiática, los países del sudeste asiático en la ASEAN establecieron un sistema multilateral de intercambio (“swap”) de monedas nacionales, que en 2010 se amplió para incluir a China, Japón y la República de Corea (llamado ASEAN +3), una especie de fondo de reserva regional tipo FMI que les permite, en principio, comerciar en sus propias monedas. Proporciona líneas de crédito de emergencia a los miembros cuando sea necesario, sin la participación del FMI, para evitar que se repita la crisis financiera de 1997-1998. Esta experiencia podría replicarse en otras regiones como, por ejemplo, América del Sur o Asia Central. Una forma más engorrosa es establecer una serie de acuerdos de canje bilaterales, de modo que, por ejemplo, el Banco Central de la India abra una cuenta bancaria en el Banco Central de Rusia en rublos, y viceversa. Las empresas de los dos países podrían entonces comprar y vender usando estas cuentas bancarias sin involucrar monedas de terceros países. Un mecanismo más sencillo es simplemente incluir las monedas de los socios comerciales más importantes en las reservas; sin embargo, eso puede requerir cierta garantía para la estabilidad del valor de las monedas locales al indexarlas contra, por ejemplo, una canasta de los productos más importantes en su intercambio comercial.
Otra posibilidad es crear una nueva moneda virtual constituida como una canasta de las monedas locales de los participantes, un poco como los derechos especiales de giro (SDR) (2) del FMI. Alternativamente, se podría indexar la nueva moneda virtual a una canasta de productos bien definidos (por ejemplo, oro y otros metales, petróleo, granos). Sin embargo, esto requiere un largo período de negociaciones y la construcción de nuevas instituciones. Los rusos han propuesto a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) crear una moneda virtual de esta forma, pero es poco probable que prospere, al menos a corto plazo.
También existe la posibilidad de en lugar de divisas, acumular productos que se pueden almacenar sin que se deterioren. El producto más tradicional es el oro, pero por razones de seguridad de suministro, los países tradicionalmente también acumulan existencias de otros productos estratégicos como petróleo, gas, arroz, maíz y trigo. Esta lista puede ampliarse con otros productos de uso común como la plata, el cobre, el níquel, el hierro, el azúcar, etc. A la luz de la escasez actual, algunas empresas han estado almacenando semiconductores ("chips"), pero corren el riesgo de volverse obsoletos y, por lo tanto, perder valor. El inconveniente de una acumulación de productos físicos es, aparte del costo de almacenamiento, que sería un tipo de “capital muerto”, recursos que podrían haberse utilizado para crear cosas más útiles. Sin embargo, lo mismo ocurre con las reservas de divisas que tienden a generar un rendimiento insignificante o nulo, por lo que en realidad constituyen un préstamo gratuito al país que emite la moneda de reserva (principalmente EE.UU. y la UE) sin que haya obligaciones de repago del préstamo.
Otra posibilidad es adelantar inversiones en infraestructura, de modo que haya menos necesidad de inversiones en el futuro cercano. Brinda cierta seguridad ya que para atender una futura emergencia se puede reducir las inversiones para liberar recursos, sin que implique problemas de cuellos de botella en la economía del país. El inconveniente es, una vez más, que también es, en cierto sentido, “capital muerto”, ya que la infraestructura no se necesita en el momento, aunque sí se necesitará en el futuro.
Es sorprendente la frecuencia con la que los países, que saben que tienen problemas con la OTAN+, subestiman el riesgo de confiscación de sus reservas de divisas. A Libia e Irán se les congelaron sus reservas, y la probabilidad que las recuperen es escasa. Venezuela tiene oro depositado en el Banco de Inglaterra y también tiene activos considerables en EE.UU. Fueron no solo congelados sino puestos a disposición del presidente zombie Juan Guaidó. Rusia, pensando estúpidamente que sus reservas en euros estaban seguras, descubrió de repente que también habían sido congeladas, y hay pocas posibilidades de que alguna vez las recupere. China tiene una enorme reserva de divisas valorada en 3.1 billones (¡3,100 milliardos!) de dólares estadounidenses, de los cuales una parte considerable está invertida en bonos del Tesoro (su composición exacta es ahora un secreto de Estado). El expresidente norteamericano Donald Trump insinuó la posibilidad de no pagar esa deuda a China, dejando así claro a los chinos que tan vulnerables son. Aunque China ha reducido la participación de valores estadounidenses en sus reservas, todavía corre un riesgo enorme y no es fácil para ellos encontrar un lugar seguro para estacionar esta enorme cantidad de dinero.
El economista inglés Keynes dijo una vez: “Si le debes mil libras a tu banco, estás a su merced. Si le debes un millón de libras, él está a tu merced.” La moraleja es que en la relación entre un prestamista y un prestatario, no siempre es el prestamista que tiene la ventaja. No es bueno para un banco prestar demasiado dinero a un solo cliente, porque es posible que nunca lo recupera, y el cliente lo sabe. China, Rusia y otros países que están acumulando reservas de divisas en dólares estadounidenses, euros y yenes parecen haber olvidado esta simple verdad.
Por otro lado, los gobiernos y los banqueros centrales de EE.UU. y la UE parecen haber olvidado otra verdad: su dinero no tiene ningún valor intrínseco, por lo que su valor depende de la confianza. Se necesita mucho tiempo para generar confianza, pero esa confianza se puede perder de la noche a la mañana. Así que están jugando con fuego. El resultado es una probable fragmentación del sistema financiero internacional.
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1 Es común en los principales medios de comunicación occidentales referirse a EE.UU., sus aliados europeos, Japón, Canadá y Nueva Zelanda como la “Comunidad Internacional”. Para burlarse, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China publicó el mapa abajo en Twitter. El mapa realmente no hace justicia plena al argumento, ya que es un mapa “visto desde el norte” donde por ejemplo Groenlandia aparece casi del tamaño de América del Sur cuando en realidad es 8 veces más pequeña, pero da una idea. Entonces, en lugar de “Comunidad internacional”, un término más idóneo sería OTAN+.

2 Los SDR de FMI se componen de 43% dólares norteamericanos, 29% Euro, 12% renminbi chinos, 8% yenes japoneses, y 7% libras esterlinas.
