28 02 2026

La militarización del Árctico no tiene ninguna justificación racional.

Rusia cuenta con ocho rompehielos nucleares, utilizados principalmente para mantener abierta la Ruta Marítima del Norte (al norte de Rusia), también llamada el «Paso del Noreste». El más potente, el «Arktika», botado en 2020, puede atravesar hielo de hasta 3 m de espesor. Se está construyendo una nueva serie de rompehielos aún más potentes, con capacidad para 4 m de hielo (“Proyecto Líder”), y se espera que el primero será lanzado en 2030. Rusia cuenta con ocho rompehielos nucleares, utilizados principalmente para mantener abierta la Ruta Marítima del Norte (al norte de Rusia), también llamada el «Paso del Noreste». El más potente, el «Arktika», botado en 2020, puede atravesar hielo de hasta 3 m de espesor. Se está construyendo una nueva serie de rompehielos aún más potentes, con capacidad para 4 m de hielo (“Proyecto Líder”), y se espera que el primero será lanzado en 2030. Foto: https://x.com/RosatomGlobal/status/1318936926829891589?lang=eng

La intención de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia, alegando razones de seguridad nacional, ha llevado a la OTAN a afirmar de repente que necesita fortalecer su poderío militar en el Ártico. Una zona hasta ahora relativamente pacífica se ha convertido en un nuevo escenario de tensiones militares y carrera armamentística. Es una locura completa.

La principal razón del renovado interés en el Ártico es que el cambio climático está haciendo la zona más accesible, pero a esto se suma la renovada rivalidad entre las grandes potencias, que convierte cualquier asunto, incluso el más improbable, en disputas militares. En el caso particular de Groenlandia, existe un factor adicional: la vanidad de Donald Trump. Quiere pasar a la historia como un presidente que amplió considerablemente el territorio estadounidense. Pero es otra historia, y la dejaremos de lado.

En primer lugar, el cambio climático podría abrir nuevas posibilidades económicas relacionadas con la explotación de los recursos naturales del Ártico. Los principales contendientes por el territorio son Rusia y Canadá, como se puede ver en el mapa a continuación.

Rusia y Canadá son los países árcticos costeros más importantes, seguidos de lejos por EE. UU. (Alaska), Dinamarca (Groenlandia) y Noruega. Imagen: Todd C. Atwood. La línea roja punteada indica la zona de 200 millas para cada país.

Aunque Rusia y Canadá ya cuentan con importantes proyectos en el Ártico para la explotación de petróleo, gas y recursos minerales, las perspectivas de proyectos similares en Groenlandia son más dudosas. Groenlandia ha tenido históricamente minería de carbón (Qullissat en la isla Disko, 1924-1972), criolita (Ivittut, 1854-1987) y zinc, plomo y plata (mina El Ángel Negro” en Maarmorilik, cerca de Uummanaq, 1973-1990). Todas las minas se cerraron por agotamiento o por no ser rentables. Hasta el momento, no se ha encontrado petróleo ni gas económicamente viable en Groenlandia. Tras largas investigaciones sobre las perspectivas de la minería de uranio en Kvanefjeld, cerca de Narsaq, en el sur de Groenlandia, el Gobierno Groenlandés decidió en 2021 no proceder debido a preocupaciones ambientales (lo que ha llevado a la empresa australiana “Energy Transition Minerals” a demandar al país por hasta 11,500 millones de dólares). Teniendo en cuenta que los principales proyectos de explotación de materias primas, tanto existentes como futuros, se llevan a cabo dentro de la zona económica exclusiva de cada país, difícilmente se puede justificar la militarización propuesta con la lucha por el acceso a los recursos naturales. Por lo tanto, todas las alegaciones sobre la amenaza que Rusia y China representan para el Ártico resulta muy difícil de fundamentar.

Buques portacontenedores chinos pasando por la ruta marítima al norte de Rusia en 2023. Foto Rosatomflot.

En segundo lugar, la disminución de la masa de hielo alrededor del Polo Norte facilita la navegación al norte de Canadá y Rusia. Si bien dudo que la ruta marítima al norte de Canadá pueda convertirse en un competidor serio del Canal de Panamá, Rusia apuesta fuertemente por su ruta marítima de norte, ya que es una ruta mucho más corta entre la parte norte de los océanos Pacífico y Atlántico que a través del Canal de Suez. Para Rusia, el proyecto es estratégico, ya que es la única ruta marítima internacional no controlada por EE.UU. y sus aliados. A esto se suman los proyectos de petróleo, gas y minerales, tanto existentes como nuevos en construcción, entre ellos el enorme Proyecto Petrolero Vostok”, que sacarán sus productos a través de esta ruta marítima. El uso de la Ruta Marítima del Noroeste (Canadá) tiene un tráfico de tránsito insignificante (18 buques en 2024), mientras que el tránsito por la Ruta Marítima del Noreste (Rusia) está aumentando. En 2025, se realizaron 103 viajes de tránsito que transportaron aproximadamente 3,2 millones de toneladas de carga (la carga total, incluyendo el transporte de las materias primas extraídas en el área, es 10 veces mayor). Rusia aspira a un tráfico de carga de tránsito de 130 millones de toneladas para 2035 (lo cual no parece muy realista).

EE.UU. lleva años cuestionando las regulaciones rusas y canadiense sobre las rutas marítimas del norte. Tanto Rusia como Canadá exigen que los buques comerciales extranjeros obtengan una autorización previa para transitar por los estrechos internos. Se basan en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), que otorga a los estados costeros ciertos facultades para regular la navegación en zonas marinas cubiertas de hielo dentro de sus Zonas Económicas Exclusivas con fines de protección ambiental. EE.UU. afirma que estos estrechos constituyen rutas marítimas internacionales donde existe libertad de navegación (¡aun así mantienen su bloqueo naval a Cuba y Venezuela!).

El otro tema polémico es el paso de buques de guerra, ya que Rusia también les exige que soliciten permiso para entrar en sus aguas interiores y los estrechos. Por lo tanto, EE.UU. quiere llevar a cabo lo que denominan "Operaciones de Libertad de Navegación" con sus buques de guerra, desafiando así a los rusos. Sin embargo, existe un inconveniente, ya que EE.UU. no cuenta con buques de guerra con la resistencia de hielo necesaria para atravesar la parte oriental de la ruta, donde el hielo es particularmente peligroso. Por el momento, esto es una tormenta en un vaso de agua y difícilmente puede utilizarse como argumento a favor de la militarización del Ártico.

Buque patrullero ruso de clasificación de hielo Arc7, Iván Papanin, en la bahía de Kola. Foto: Servicio de prensa de la Flota del Norte.

En tercer lugar, está el concepto de la OTAN, la “Brecha Groenlandia-Islandia-Reino Unido” (denominada “brecha GIUK” por sus siglos en inglés). Esta fue una estrategia de la Guerra Fría para impedir el acceso de las flotas civiles y militares rusas al Atlántico. Como su nombre indica, Groenlandia e Islandia eran puntos estratégicos en los planes de guerra de la OTAN. El concepto ha sido desempolvado y se utiliza ahora como argumento para la militarización del Atlántico Norte. No se trata de una estrategia militar defensiva, sino ofensiva, destinada a estrangular la economía rusa y su poder naval en caso de guerra. Rusia, por su posición geográfica, tiene un acceso limitado al océano Atlántico. Depende de los estrechos daneses para salir del mar Báltico y del estrecho turco del Bósforo para salir del mar Negro. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ártico fue estratégico para Rusia (entonces la URSS), ya que era la única ruta marítima internacional abierta para acceder al Atlántico. La GIUK pretende cerrar ese acceso.

Mapa de la llamada "Brecha Groenlandia, Islandia Reino Unido”. Imagen de wikimedia.

Por supuesto, ha habido instalaciones militares en el Ártico durante muchas décadas, tanto en Rusia como en Canadá y Groenlandia. En Groenlandia, la principal instalación militar es la "Base de Thule" estadounidense, rebautizada en 2003 como “Base Espacial Pituffik” para reflejar el nombre de la localidad en inuktun. (El nombre "Thule" fue inventado por los exploradores polares daneses Knud Rasmussen y Peter Freuchen cuando establecieron un puesto comercial allí en 1910, inspirado en el poema de Goethe “Der König in Thule”). El terrible accidente nuclear ocurrido allí en 1968 pone de relieve los riesgos relacionados con la nuclearización del Ártico.

Un avión estadounidense B-52 se estrelló en 1968 cerca de la base de Thule, en el norte de Groenlandia, con cuatro bombas nucleares a bordo. Una de las bombas fue destruida durante el impacto, por suerte sin estallar, pero el plutonio radiactivo se dispersó en una extensa zona. A pesar de las labores de limpieza, parte del plutonio aún se encuentra en el fondo del mar. La foto (de wikipedia) muestra cuatro bombas nucleares similares listas para ser cargadas en un avión B-52.

Hasta ahora, el Ártico ha estado relativamente libre de la competencia militar de las superpotencias. El desarrollo actual de infraestructuras por parte de Rusia se limita a sus propias aguas territoriales y se centra principalmente en apoyar y proteger la Ruta Marítima del Noreste, del Atlántico al Pacífico. Existen disputas territoriales sin resolver respecto a la zona del Polo Norte fuera de las zonas exclusivas de 200 millas, pero por el momento solo es un problema teórico, ya que la capa de hielo aún dificulta considerablemente potenciales actividades extractivas del fondo del mar. Aparte de eso, no existen disputas territoriales importantes.

Noruega y Rusia tienen una larga historia de cooperación en el Mar de Barents, especialmente en lo que respecta a las cuotas de pesca (el acuerdo se renovó en diciembre de 2025). Hubo una buena cooperación en el Consejo Ártico hasta el inicio de la guerra de Ucrania, pero Rusia, la mayor nación del Ártico, en la práctica ha sido excluida desde entonces. Rusia por lo tanto ha suspendido su contribución financiera y ha amenazado con retirarse por completo, pero aún no ha sucedido. Un Consejo Ártico sin Rusia no tiene mucho sentido, pero aun así, eso es lo que planean algunos políticos noruegos.

La segunda administración del presidente Trump pretende asegurar el dominio estadounidense en el Ártico, lo que ha generado críticas relacionadas a los riesgos de la militarización y la conveniencia de abandonar la prudencia. Esta militarización del Ártico carece de justificación racional. A menos que se considere racional el deseo de EE.UU. de ejercer su hegemonía mundial también en esta zona. No favorece a nadie, ni siquiera a los mismos norteamericanos. Aun así, la Unión Europea (y Dinamarca y Noruega) se han sumado a la agresiva política de Trump. Entiéndalo, quien pueda.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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