El declive del petroleo está cambiando fundamentalmente las relaciones de poder internacionales, un proceso todavía a penas perceptible, donde los países productores de petróleo ricos se enfrentan ahora a un futuro incierto. Y comienza una batalla incesante por las cuotas de mercado.
Echemos un vistazo a los principales cambios que se llevarán a cabo:
1. El carbón es el rey, pero también el primer perdedor
Esto puede parecer extraño ya que el carbón es el segundo combustible más importante en el mundo (30% del consumo mundial de energía en el año 2012), y también el más barato. Pero, como también es el más contaminante (45% de las emisiones de CO2), el primer paso para limitar la emisión de gases invernaderos es bajar el uso de carbón. El mayor productor de carbón es China (46% de la producción total mundial), seguida de los EE.UU. (11%), India (8%) y la Unión Europea (7%). China, ahora parece estar decidida a reducir su dependencia del carbón, y tiene un ambicioso programa de cambio hacia otras fuentes de energía (hidroeléctrica, nuclear, gas natural, energía renovable) y el consumo de carbón ya ha empezado a bajar. Quién va a sufrir más son los grandes exportadores de carbón: Indonesia, Australia, Rusia, Estados Unidos, Colombia y Sudáfrica. ¡Y piense en todas estas reservas valiosas de carbón que tendrán que permanecer bajo tierra para siempre! ¡El valor de estos recursos acaba de esfumarse!
2. El costo de producción de petróleo es en última instancia lo que decide las cuotas del mercado
El petróleo es donde la batalla se desarrolla en estos momentos. Los precios del petróleo están ahora por debajo de 40 dólares y hay actualmente un exceso de oferta de petróleo, como consecuencia de decisiones de inversión tomadas 5 a 10 años atrás. Es costoso almacenar el petroleo, y la capacidad de almacenamiento a nivel mundial está casi saturada, por lo que en el corto plazo los precios del petróleo pueden seguir bajando. Pero a la larga van a tener que subir de nuevo ya que el precio del petróleo depende en última instancia del costo de producción del productor más caro que todavía produce en el mercado. Así que el juego a corto plazo es decidir, quién dejará el mercado primero o reducirá su producción. En el corto plazo, lo que importa no son las inversiones realizadas en el pasado, pero los costos de operación de seguir bombeando el petroleo. En general estos costos parecen ser bajos, independientemente de si se trata de un productor de alto o de bajo costo. Las excepciones son las arenas bituminosas de Canadá (que tiene costos operativos altos) y el petroleo de esquisto en EE.UU. (requiere perforaciones nuevas de forma continua). Así que estos deberían ser los primeros en salir del mercado. Sin embargo, también influye la capacidad financiera para aguantar una guerra prolongada de precios, ya que las empresas (y países) muy endeudados pueden ser los primeros en quebrar.
En el mediano plazo, todos productores de alto costo perderán: el petróleo bituminoso de Canadá, el petróleo de esquisto de Estados Unidos, el petróleo del Ártico y de aguas profundas.
Arabia Saudita ha sido criticada por ser la culpable de la actual guerra de precios, pero su estrategia es bastante racional: el país tiene sin comparación los costos de producción más bajos (menos de 10 dólares el barril), y cuenta con los recursos financieros para aguantar una guerra de precios prolongada. El objetivo es expulsar del mercado a los productores de mayor costo y asegurarse de que no sea el petróleo de Arabia Saudita que tendría que permanecer bajo tierra para siempre. Su debilidad es que su economía es casi 100% basada en el petróleo (exportaciones, ingresos fiscales). El gobierno saudita ha rechazado la idea de recortar el gasto público y ha iniciado una costosa guerra en el vecino Yemen, por lo que actualmente tiene un déficit del sector público espantoso (20% del PIB), como la familia real gobernante tiene que mantener la lealtad de la población y al mismo tiempo asegurar la vida lujosa de sus miles de príncipes.
Aun así, mi pronóstico es que Arabia Saudita continuará la guerra de precios. Y si no lo hace, otros lo harán. La lógica, simplemente ha cambiado. Ahora la consigna es sacar el petroleo lo más rápido posible y venderlo al precio que sea, siempre y cuando cubra los costos de producción. Los perdedores nunca podrán vender su petróleo. Lo perderán para siempre.
¿Quién va a sobrevivir a esta batalla cruenta en el mediano plazo? Dado que los costos de producción son considerados secretos de estado, no sabemos a ciencia cierta, pero la suposición es, entre otros: Oriente Medio (incluyendo Irán), Rusia (en tierra), Venezuela, Ecuador, Angola, Nigeria. Los perdedores, entre otros: el petroleo de esquisto de EE.UU., el petroleo de arenas bituminosas de Canadá y la producción de petróleo en aguas profundas en Noruega, Reino Unido, Brasil, Rusia etc.. Es probable que no se realicen los proyectos de producción de petróleo en las zonas árticas en Noruega, Alaska, Canadá, Groenlandia y Rusia. ¡Nunca! ¡Suerteramente!
A la larga, todos los productores de petróleo van a perder, ya que el mundo tiene que descarbonizarse.
3. En última instancia, los productores de gas natural también perderán, pero en el mediano plazo son ganadores
El proceso de descarbonización probablemente tenga dos etapas: la primera es una sustitución de los combustibles fósiles más contaminantes con los menos contaminantes, y la segunda es un cambio hacia las energías renovables (y posiblemente la energía nuclear). Estas dos etapas se llevarán a cabo de manera simultánea, pero en última instancia, el uso de gas natural tendrá que parar también. El gas natural produce aproximadamente la mitad del CO2 comparado con el carbón, por lo que un primer paso natural es sustituir el carbón con el gas natural, un paso que China, los EE.UU. y Europa están tomando actualmente. Este cambio constituye una manera relativamente barata de reducir a la mitad las emisiones de CO2, pero implica al mismo tiempo una dependencia de los proveedores de gas (lo que actualmente está causando mucho dolor de cabeza en Europa ya que el proveedor más obvio es Rusia, por lo que la UE se resiste a abandonar el carbón hasta que haya encontrado otras fuentes de abastecimiento). Los ganadores: Rusia (que se beneficia del cambio hacia gas natural en China), Irán, Qatar y el gas de esquisto de EE.UU.
Así que la conclusión es que la lógica del mercado ha cambiado por completo. Esto implica que las relaciones de poder internacionales están cambiando de manera fundamental. Los países productores de petróleo, que desde 1973 se han acostumbrado a ser actores económicos y políticos de peso pesado, se están (o se estarán) transformando en jugadores de peso pluma.
Los países productores de petróleo dedicados en el Medio Oriente, que no saben hacer otra cosa que bombear petróleo, pasarán al olvido, igual que países como Angola, Nigeria y Venezuela, mientras que los países productores de petróleo y carbón más desarrollados como Canadá, Australia, Noruega, Brasil y Rusia tendrán que enfrentar el reto complicado de adaptarse y diversificar sus economías. Lo que vamos a analizar en nuestra próxima entrega.
