Más que dos años han pasado después de la erupción de la crisis financiera internacional, con su epicentro en EE.UU. La crisis financiera señaló el inicio de un proceso de ajuste necesario y doloroso en la economía de EE.UU., en el cual básicamente los norteamericanos tendrán que comenzar importar y consumir menos y exportar más hacia otros países. Por muchos años los EE.UU. han consumido más de lo que producen, tanto por el alto consumo privado como por sus astronómicos gastos militares y sus aventuras militares en varias partes del mundo. Llegó la hora de pagar la cuenta.
Significa
un
proceso
largo
y
difícil.
Ya se puede percibir algún
ajuste,
como lo demuestra la siguiente gráfica, que indica las exportaciones
y
importaciones
de
EE.UU.
los
últimos 4 años
(2010 es una proyección basada en los datos de enero a
diciembre),
pero todavía falta mucho camino por recorrer.

De la gráfica podemos ver que tanto las exportaciones como las importaciones cayeron como resultado de la crisis financiera en 2009, así reduciendo algo el déficit comercial. Al ritmo que se reactivó la economía de EE.UU. y del resto del mundo durante 2010, tanto las exportaciones como las importaciones comenzaron a crecer de nuevo, pero las importaciones crecieron más rápido que las exportaciones, así que se espera que el déficit comercial llegue de nuevo a más de un medio billón de dólares para 2010 (500,000 millones).
Se suponía que esto no iba a pasar. El dólar ha perdido dramáticamente valor durante la última década. Estaba casi a la par con el Euro en 2002 para después llegar a un extremo de 1.60 dólares por euro en 2007 (y cerca de 1.30 hoy). Esta devaluación debería haber hecho más competitiva la producción de EE.UU, y así se debería haber equilibrado el comercio exterior. ¿Que estará pasando?
Cabe mencionar que el déficit comercial es de unos 3 a 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) lo que no es alarmante. Sin embargo, lo que llama la atención es la persistencia del déficit, ya que ha habido déficit casi constantemente por décadas. Por cierto que existen economistas que piensan que el déficit comercial (y en la cuenta corriente) no es muy interesante, pero si el déficit no es el producto de un auge de las inversiones productivas (lo que no es el caso) implica que alguien está viviendo de dinero prestado y puede ser difícil pagar este dinero en su momento. Actualmente es principalmente el gobierno de EE.UU. que está viviendo de dinero prestado, ya que el déficit de las finanzas públicas rondan los 1.3 millones de millones de dólares o un 9 por ciento del PIB. Es entonces obvio, que algo no camina bien en la economía de EE.UU.
Aparte del problema de la acumulación de deudas, privadas y públicas, y la crisis en los sectores inmobiliario y financiero, el problema principal es una falta de competitividad. Esta falta de competitividad es un resultado de muchos factores, y no se puede resolver rápidamente devaluando la moneda, o – como piensan algunos conservadores en EE.UU. - a través de recortes en los gastos públicos.
Esto no quiere decir que no haya sectores en le economía estadounidense que sean competitivos. Los hay, definitivamente. Hay industrias que son competitivos pos su alto nivel tecnológico, sus marcas apreciadas – o porque gozan de un monopolio internacional (por ejemplo Microsoft, que otra vez está reportando ganancias récord). Pero estos sectores son demasiado pequeños como para poder equilibrar la economía. Para lograr un mejor equilibrio, algunos sectores tendrán que encoger y otros tienen que crecer. Lo que se requiere es un reestructuración productiva, lo que es un proceso mucho mas complejo que simplemente regular la demanda global en la economía a través de los impuestos o el gasto público
Ya se puede notar algunos ajustes. La caída de la demanda interna en EE.UU. ha obligado a productores estadounidenses a buscar mercados fuera del país, en lugar de vender cómodamente al mercado interno, hasta hace poso aparentemente insaciable, y para ello la caída del valor del dólar ha ayudado. Este proceso ya tiene varios años, y las exportaciones han efectivamente crecido. Pero esta reestrucuración durará mucho más tiempo por varias razones.
Una razón es que las decisiones de inversión tomadas en el pasado no se deshacen, solamente por que el dólar se ha abaratado. Es por ejemplo el caso de la producción que durante las últimas décadas se ha trasladado a países con un nivel de costo más bajo (“outsourcing”), principalmente a países asiáticos y México – no hay forma de que la caída del dólar puede hacer regresar esta producción a EE.UU. Generalmente es mucho más fácil cerrar industrias que abrir nuevas.
Otra razón es que la economía de EE.UU. tiene su fortaleza en sectores que no son de alto crecimiento. Algunos los sectores competitivos que en el pasado han experimentado un alto crecimiento en la demanda, como por ejemplo los servicios financieros, ahora enfrentan una caída de la demanda global – no será fácil repetir el éxito pasado de reempacar préstamos basura y venderlos a inversionistas ingenuos en todo el mundo. Otros sectores competitivos, como por ejemplo el turismo o la enseñanza superior, sufren de las prácticas migratorias que han resultado de la “guerra al terrorismo” y en general del sentimiento actual anti-emigrante. Y en cuanto a los productos de consumo tradicionales, hay pocos productos norteamericanos que son competitivos, y la mayor parte de los que lo son, no son producidos en EE.UU. sino en otros países. Además, debido a los precios relativamente bajos de la energía en EE.UU. los productos en muchos casos no llenan los requerimientos internacionales de eficiencia energética.
Ningunos de estas barreras son imposibles de superar. Pero tomará su tiempo, particularmente cuando las políticas públicas no son adecuadas. La única política industrial exitosa en EE.UU. es la del complejo militar-industrial. Sobre la base de contratos jugosos con el gobierno central, este sector tiene una vigorosa inversión en investigación y desarrollo que ha dado a los EE.UU. un liderazgo tecnológico impresionante (y espantoso), y que también a derivado en productos de uso civil (por ejemplo el caso del GPS). Pero el sesgo militar también trunca la economía estadounidense, desviando valiosos recursos hacia la industria militar, en detrimento de usos civiles, lo que no ayuda a la competitividad de la economía estadounidense.
Así que el juicio por el momento es que la economía de EE.UU. está encaminado a corregir sus desequilibrios, pero será un largo y doloroso proceso que a penas ha comenzado. El proceso sería más fácil y rápido con una adecuada política industrial, pero como la prioridad máxima de los círculos de poder del país sigue siendo el mantener su poderío y liderazgo militar mundial, no es muy probable que esto ocurra.
