Trump hizo muchas declaraciones durante su campaña electoral, y tantas veces agregó: “Desde el primer día”. La mayoría de ellas se refieren a cuestiones internas de Estados Unidos que son de poco interés para el resto del mundo, como políticas de identidad, operaciones de cambio de género infantil, personas transgénero en el ejército, despido de fiscales de distrito y similares. Pero debido al tamaño de la economía estadounidense y al poder militar del país, algunas cuestiones tienen repercusiones importantes para el resto del mundo.
Esto es por supuesto el caso de la política exterior estadounidense. En la mayoría de los temas de política exterior, Trump 2.0 es simplemente Biden 2.0: escalada de la hostilidad hacia China, continuación del apoyo incondicional a las guerras de Israel contra los palestinos y sus vecinos, entrega continua de armas a Taiwán, escalada de la confrontación con Irán, y tal vez incluso ataques militares contra el país, continuidad de la confrontación con Rusia en Europa y Ucrania, etc. La administración Biden exigía que los países europeos asumieran una mayor responsabilidad financiera por la OTAN y la guerra en Ucrania, siguiendo de hecho las líneas políticas marcadas por Trump durante su primera presidencia, y es probable que Trump 2.0 las intensifique (lo que puede, o no, aumentar la posibilidad de paz en Ucrania). Trump ha amenazado con abandonar la OTAN, pero parece una simple táctica de negociación para hacer que los estados vasallos europeos se alineen y pongan más dinero. En general, es continuidad. No hay rupturas radicales. Las excepciones son la posible retirada de EE.UU. de los Acuerdos Climáticos (otra vez) y de algunas organizaciones de la ONU como la OMS y la UNESCO, y puede recortar los aportes financieros a la ONU y, en general, utilizar el garrote para lograr que la ONU se alinee más con la política estadounidense (de lo que ya hace).

Tal vez como preparación para las nuevas y aún más hostiles relaciones con EE.UU. bajo el gobierno de Trump, China ha comenzado a contraatacar. El 3 de enero anunció la incorporación de 28 entidades estadounidenses a la lista de control de exportaciones, prohibiendo las exportaciones de artículos de doble uso a las empresas incluidas en la lista. Es probable que esta situación se intensifique en los próximos años. Foto de Global Times.
En lo que respecta al comercio internacional y las sanciones, la administración Biden en realidad continuó la política iniciada por Trump durante su primera presidencia y la intensificó. EE.UU. sigue saboteando el trabajo de la Organización Mundial del Comercio al bloquear el Órgano de Apelación de la OMC, y Trump sin duda lo va acontinuar. La administración Biden no solo dejó vigente los aranceles impuestos de Trump a las importaciones de China, sino que los aumentó. Y ahora Trump ha prometido aumentarlos aún más. Lo mismo ocurre con las sanciones contra China, Rusia e Irán. EE.UU. está sancionando actualmente a alrededor de un tercio de todos los países del mundo, la mayoría de ellos países pobres, y no hay razón para pensar que Trump cambie eso. Su amenaza de gravar las importaciones de sus aliados Canadá, México y la Unión Europea es probablemente una simple táctica de negociación para obtener lo que quiere de ellos. Por lo tanto, en su mayoría será una continuidad, no una ruptura.
Cuando se trata de la política económica con repercusiones fuera de EE.UU., en la mayoría de los casos tampoco hay señales de una ruptura. El déficit presupuestario de EE.UU. se estima en alrededor del 7% del PIB en este año fiscal, algo inaudito en tiempos de paz, y Trump parece estar tan despreocupado por el tema del déficit como lo estaba la administración Biden. “¡Que sigan imprimiendo billetes!” Trump ha prometido extender y ampliar los recortes de impuestos que introdujo en 2018. Habrá algunos ingresos adicionales por el aumento de los gravámenes a las importaciones, y Trump ha prometido recortes a algunos programas gubernamentales, entre ellos la llamada “Ley de Reducción de la Inflación” que, entre otras cosas, apoya las inversiones en energía limpia y que Trump ha prometido derogar. Pero es poco probable que sea suficiente, por lo que el déficit continuará o incluso aumentará en los próximos años, y también lo hará el insostenible crecimiento de la deuda pública. El mundo debería preocuparse y prepararse para lo peor.
Pero hay algunos temas en los que habrá una ruptura, si Trump realmente hace lo que ha dicho que va a hacer.
Uno de ellos es la inmigración. En 2022 había 46.1 millones de inmigrantes en EE.UU., lo que supone alrededor del 14% de la población total (esta cifra ha aumentado desde entonces a 51.6 millones o el 15.6% en 2024). En 2022 alrededor de una cuarta parte de ellos (11 millones) eran “no-autorizados” (más otros 2 millones con protección temporal, TPS). Trump ha dicho que detendrá la inmigración ilegal y comenzará a deportar a los inmigrantes no-autorizados que ya están en el país, “desde el primer día”. Está claro que no podrá hacerlo, pero si realmente deporta a un número significativo de personas y reduce drásticamente el flujo de inmigrantes al país, obviamente tendrá graves repercusiones para los países de los que provienen los inmigrantes no-autorizados, entre ellos México, India, América Central y el Caribe (disminución de las remesas y aumento del número de gente buscando trabajo en el país). Según estimaciones del Banco Mundial, las remesas a Centroamérica constituirían en 2024 alrededor del 20-25% de su PIB, por lo que cualquier cambio que afecte a estas remesas tendrá obviamente un gran impacto. En montos absolutos las remesas son mucho mayores en los casos de México y la India, pero siendo países más grandes la importancia para sus economías es mucho menor.

Los inmigrantes constituyen una parte importante de la fuerza laboral en muchos sectores de EE.UU., entre ellos la construcción, las empleadas domésticas, los cocineros, las ayudantes de enfermería a domicilio, los vigilantes y conserjes, los repartidores a domicilio y la agricultura. Foto: https://www.dol.gov/general/migrantworker
¿Y qué efectos tendrá sobre el propio EE.UU.? El actual modelo económico estadounidense se basa en una demanda inflada de consumo, sustentada por un elevado déficit fiscal (gastos elevados y bajos impuestos) y un flujo constante de mano de obra barata del exterior para evitar que esta demanda se traduzca en mejoras salariales (la llamada “Bidenomics”). El efecto más inmediato será que las empresas tendrían que competir por los trabajadores, lo que debería traducirse en salarios más altos y mejores condiciones laborales, incluso para la población inmigrante que ya se encuentra en EE.UU. La agenda de Trump es “proempresarial” (desregulación, menores impuestos para las grandes corporaciones, etc.), pero inadvertidamente puede mejorar las condiciones de los trabajadores con salarios más bajos. Si realmente les duele, los empleadores de los sectores en los que se concentran la mayoría de estos empleos mal pagados (la construcción, los servicios, el transporte y la agricultura) por cierto van a reclamar al gobierno y exigir que vuelva a abrir las puertas a la inmigración. En el bando de Trump, por ejemplo, ya han empezado a pelearse por los visados de trabajo H-1 para trabajadores más cualificados, entre ellos los trabajadores de las tecnologías de la información, ya que algunos de los partidarios de Trump que necesitan a estos inmigrantes (como Elon Musk) exigen que se sigan concediendo estos visados, mientras que otros (como Steve Bannon) quieren que se cancelen.
Una característica distintiva de Donald Trump es su imprevisibilidad. Es multimillonario y representa a parte de los círculos de poder de EE.UU., pero parece que no ha sido realmente aceptado en los círculos más glamorosos, y parece que le duele. Ahora, magnates de la tecnología como Bezos, Zuckerberg y Altman, que antes no querían saber nada de él, están haciendo fila para apoyarlo donando millones para su toma de posesión, con la esperanza de obtener favores de él. Tiene un ego desmesurado, su ideología es el capitalismo desregulado y descontrolado, pero parece que hay algunos de los monopolios establecidos que no le gustan (por ejemplo las grandes empresas farmacéuticas). No parece ser muy brillante, pero sí astuto. Su margen de maniobra política parece ser mayor que durante su primera presidencia, ya que tiene más partidarios dentro del Partido Republicano, pero aún se ve limitado por su propio partido y sus congresistas, y también por la mayor parte de los círculos de poder, que todavía lo detesta. Todo esto hace que sea difícil predecir la dirección de la política estadounidense en los próximos años.
Pero mi suposición es, como ya lo he mencionado, que habrá más continuidad política que otra cosa. En lo que respecta a la paz y la guerra, Trump puede ser un poco mejor para la paz que Biden. O puede que no. No hay garantías.
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Para los que tienen interés en los datos sobre la inmigración en EE.UU. hay abajo una gráfica muy informativa (un inmigrante se define como una persona que no ha nacido en EE.UU.):

https://www.migrationpolicy.org/programs/data-hub/charts/immigrant-population-over-time
