No es de extrañar que mucha gente se siente confundida. Los informes sobre el cambio climático dibujan un futuro sombrío. Estamos caminando como sonámbulos hacia un desastre climático, y lo que vemos a nivel político es una interminable discusión. Hay quienes nos dicen que todos debemos asumir la responsabilidad en nuestra vida personal, dejar de comer carne, dejar de viajar o lo que sea. Este es el camino seguro al infierno. Por supuesto, todos debemos contribuir con lo que está a nuestro alcance, pero para efectivamente enfrentar el cambio climático tiene que haber una acción colectiva decisiva. Imagínese que recibiéramos de repente la noticia de que hay un 90% de probabilidad de que un asteroide en 20 años chocará con la Tierra, destruyendo la mayor parte de la vida, y al mismo tiempo nos dijeron que cada uno de nosotros debería hacer lo que puede para evitarlo. No tiene sentido.
El acuerdo de Paris de 2015 es que debemos mantener el CO2 en la atmósfera a un nivel que asegure que el aumento de la temperatura de nuestro planeta se mantenga "bien por debajo de 2 grados". Sabemos que realmente se debería mantener por debajo de 1,5 grados, pero nos dijeron que como esto no se pudo acordar, "bien por debajo de 2 grados" fue lo mejor posible. A continuación una gráfica de un informe de IRENA que muestra nuestras opciones.

La línea amarilla es "seguimos como siempre lo hemos hecho", incluyendo los compromisos políticos ya hechos para reducir las emisiones de CO2. Como las emisiones se acumulan en la atmósfera, significa que alrededor de 2038 ya hemos utilizado nuestro "presupuesto" para el CO2 que podemos emitir y todavía mantener el aumento de temperatura por debajo de 2 grados. Entonces, si vamos por este camino, en 2050 habrá un aumento de las temperaturas de 2.6-3.0 grados. En pocas palabras: desastre.
La línea verde es lo que propone el informe de IRENA (denominado "escenario REmap"), lo que permitirá alcanzar "bien por debajo de 2 grados" (con una probabilidad de 66% - no es ciencia exacta). El área gris es lo que se requiere para mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1.5 grados (con 50% de probabilidad). El mensaje principal es: tenemos 10 a 15 años para evitar los peores desastres de cambio climático, si actuamos ahora. Cuanto más lo pospongamos, más difícil será.
¿Y qué es lo que se requiere? Es una lista larga, pero básicamente es:
1. Transformar nuestro sistema de energía eléctrica para que se base en un 85% en energías renovables (en lugar de petróleo, gas y carbón). Significa principalmente viento y sol, pero con algunas contribuciones también de biocombustibles, energía geotérmica y energía nuclear.
2. Electrificar el transporte, la calefacción y la industria hasta donde sea posible (vehículos eléctricos, bombas de calor, biocombustibles para plantas de cemento y acero, etc.) - rápidamente.
3. Aumentar la eficiencia energética para que el crecimiento en el futuro signifique menos energía, no más.
Los "realistas", que son muchos, nos dicen que esto es imposible. La Agencia Internacional de Energía, AIE, ha estado hasta hace poco en el campo de los "realistas". En el pasado, ha subestimado sistemáticamente el potencial de la energía renovable, y me parece que todavía lo hace, pero en su último informe ha aceptado - al parecer a regañadientes – incluir el acuerdo de París como uno de los escenarios para el futuro. Sin embargo, su escenario básico implica que nuestro mundo en 2040 sigue siendo basado principalmente en el carbón, el petróleo y el gas, y su principal preocupación parece ser que no se está invirtiendo lo suficiente en nuevos campos de petróleo y gas, por lo que existe un riesgo de escasez de petróleo y gas en un futuro próximo.
El mundo invierte cada año sumas fuertes en el sector energético (1,8 billones de dólares, o alrededor del 2,4% del PIB mundial en 2017), y la AIE espera que aumente a 2,8 billones de dólares al año en el largo plazo, de los cuales alrededor del 40% irían a los combustibles fósiles contra solo un pobre 13% a las energías renovables. Para cumplir con el acuerdo de París, las inversiones tendrían que aumentar en un 13% hasta 2040. La participación que se destina a las energías renovables aumentaría a casi el 19%, mientras que la participación de los combustibles fósiles disminuirían a alrededor del 22%. Esta estimación de EIA es muy conservadora y, sin duda, subestima las inversiones necesarias: el informe de IRENA mencionado arriba estima que es necesario aumentar las inversiones en el sector energético en un 30% en su escenario "REmap" (que cumpliría con el acuerdo de París).
Siempre habrá una incertidumbre sustancial cuando se hace proyecciones hasta 2040-2050, pero sea lo que sea el monto exacto, el mensaje es claro: tendremos que invertir más en el sector energético y tendremos que desviar las inversiones en el combustible fósil hacia las energías renovables y la eficiencia energética, particularmente las inversiones en calefacción y procesos industriales. Sin embargo, los fondos necesarios no son para nada alarmantes en comparación con lo que ya se está invirtiendo año tras año en el sector energético, principalmente en combustibles fósiles, por lo que no es un gran sacrificio que se requiere. Si lo comparamos con el costo futuro de reparar los daños causados por el cambio climático, es una solución mucho más económica. La diferencia es, por supuesto, que implica que nosotros mismos tendremos que pagar el costo, en lugar de dejar esta carga a nuestros nietos y bisnietos.
Pero incluso si es técnica y económicamente posible, ¿será que va a suceder? Esta es una pregunta complicada que tiene que ver con la economía política. El factor más importante en favor es que a medida que el precio de la energía solar y eólica continúa bajando, los mercados favorecen cada vez más la energía renovable por la sencilla razón que es más barato que el combustible fósil. Los resultados de este cambio en las condiciones del mercado están comenzando a verse: en 2017, se agregó en el mundo una capacidad neta de generación eléctrica de alrededor de 250 gigavatios, de los cuales un impresionante 69% eran renovables, un 4% nuclear y un 27% fósil (carbón y gas).
El desafío es que la distribución de energía es un monopolio natural y la red eléctrica necesita grandes inversiones para adaptarse al aumento de la electrificación y al aumento de la participación de la energía renovable, que por su naturaleza es intermitente. Así que volvemos a la política, ya que esto requerirá una intervención política, no solo a nivel nacional sino también cada vez más en la interconexión de países y regiones. También hay que imponer requisitos en cuanto al almacenamiento de energía. Una tarea dura va a ser forzar el cierre de plantas existentes de generación eléctrica basadas en combustibles fósiles, a pesar de que estas en muchos casos perfectamente podrían seguir funcionando muchos años más, lo que se denomina "activos varados". Es fácil poner en duda la capacidad de nuestros sistemas políticos para enfrentar estos desafíos, tanto por la tendencia ideológica neoliberal que prevalece en toda parte, como por los intereses creados en el sector de la energía fósil. Pero en el lado positivo, a medida que las industrias de energía renovable y eficiencia energética continúan creciendo, comienzan a actuar como un contrapeso para el poderoso lobby del petróleo y el gas.
Hay otros factores favorables. Existe el "factor China", ya que los chinos han avanzado a gran escala en energía renovable, electrificación, movilidad eléctrica, etc. y parecen tener la capacidad requerida para tomar decisiones políticas difíciles y movilizar los fondos que se necesitan para ponerlas en práctica (por lo menos hasta el momento). Existe además la famosa "curva en S" de penetración de nuevas tecnologías, que indica que la adopción de una nueva tecnología puede ser lenta inicialmente para luego acelerar rápidamente.
Sin embargo, para que esto suceda, el sistema político tiene que dejar al lado su temor a "elegir ganadores" (la mayoría de los economistas lo tienen horror) y dejar de hablar sin sentido sobre soluciones tecnológicamente neutrales. Tenemos que estar abiertos a todas las opciones tecnológicas, pero en un momento dado hay que tomar decisiones. Si la neutralidad tecnológica hubiera sido la manera de hacer las cosas, China no tendría un sector de energía solar, Dinamarca no tendría una industria de energía eólica próspera y Japón no produciría automóviles. Se va a cometer errores, pero sin la determinación política y la voluntad de correr riesgos, seguiremos caminando sonámbulos rumbo al desastre climático.
Vivimos en una era en que los "realistas" nos cuentan que en un mundo globalizado debemos aceptar la creciente desigualdad y que es imposible hacer a los ricos pagar impuestos – particularmente a los súper ricos. Por lo tanto, la carga del costo de la reversión energética tiene que recaer necesariamente en la clase media y en los trabajadores pobres. Esto crea el terreno fértil para el mito de que el cambio climático es un invento creado en una conspiración entre la "industria verde" y el establecimiento político, y veremos más reacciones violentos como las recientes en Francia (los "chalecos amaraillos"), que comenzó como una protesta contra un impuesto “verde” al combustible. Hay que evitar caer en esta trampa, lo que – una vez más - requiere coraje político.
