Ignoremos por el momento los que no aceptan la relación entre emisiones de CO2 y el cambio climático, los llamados “negacionistas”. Son muchos y son poderosos, pero por suerte no constituyen una mayoría, ni en los EE.UU., según una encuesta realizada por Ipsos-MORI año pasado. En China los negacionistas constituyen una minúscula minoría. Ellos siguen siendo fuertes en los países contaminadores ccomo Estados Unidos, Reino Unido y Rusia, pero aún en estos países son una clara minoría.

Pero para volver a la cuestión de la culpa: ¿quiénes son entonces los malos? Lo que sigue no es ninguna novedad. Es más bien un recordatorio de datos ampliamente conocidos, pero muchas veces olvidados.
Cuando contemplamos las emisiones totales de CO2, en 2011 los grandes pecadores eran China, Estados Unidos, India, Japón, Rusia y Alemania, según cálculos de la OCDE.

Cabe mencionar que el cálculo está basado en el consumo, lo que significa que se ha tomado en cuenta el hecho de que por ejemplo China es la fábrica del mundo, por lo que los países ricos, siendo principalmente consumidores, están importando más CO2 de lo que están exportando.
¿Pero es justa esta comparación? ¿Es justo comparar a un país de tamaño mediano, como Francia, con los EE.UU., y a los EE.UU. con China, que tiene una población más de cuatro veces más grande? La mayoría - pero no todos - coinciden en que es más justo tomar en cuenta el tamaño del país, es decir comparar la emisión de CO2 por habitante. Esto cambia completamente el cuadro:

Ahora los grandes pecadores son los países desarrollados, con muy pocas excepciones (como por ejemplo Arabia Saudita, que es gran contaminador). El trío sucio está constituido por Australia, Estados Unidos y Canadá. China tiene emisiones por habitante que son menos de la cuarta parte de las de EE.UU., y la India tiene emisiones que son menos de 8% de las de los EE.UU. Dinamarca, país al que se refiere a menudo como "super-verde", ensucia más que Suecia y Rusia (que todos sabemos es de los malos). Vale la pena mencionar que Brasil (e Indonesia) entre otros tendrían una emisión por habitante más alta si se incluyera las emisiones causadas por la deforestación.
Muchos países en desarrollo sostienen que ni siquiera las emisiones por habitante es una medida justa, ya que el CO2 en la atmósfera es acumulativo y los países desarrollados han acumulado enormes cantidades de CO2 en la atmósfera durante su proceso de industrialización, un proceso que los países pobres hasta ahora están empezando a atravesar. Y luego está el punto de vista - a mi opinión raro – que lo que importa es la intensidad de CO2 del PIB, y en los países desarrollados este indicador es mucho más favorable que en las economías emergentes. Así que somos ricos, y sí, contaminamos como locos, pero contaminaríamos mucho más si no fuéramos tan eficiente en el uso de la energía .....?!
Se puede hacer muchos argumentos sobre la cuestión de la justicia de una política global para contrarrestar el cambio climático, pero la buena noticia es que el país que en términos absolutos emite más CO2, China, ha llegado a la conclusión de que es en su propio interés no seguir el camino de los países desarrollados en cuanto al consumo de energía fósil (a pesar de que el país antes ha insistido en que está en su pleno derecho de hacerlo), ya que el país está viviendo una contaminación del aire tan dantesco, que está consciente de que tiene que encontrar alternativas más limpias. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, Nueva Delhi, la capital de la India, es la mega-ciudad más contaminada del mundo, así que quizás haya esperanza de que también la India, que está en camino de convertirse en el país más poblado del mundo en 2020, llegue a esta misma conclusión. Debo admitir que no soy demasiado optimista en este sentido.
Pero como he insistido antes, el costo de la energía renovable está cayendo en picada, por lo que las fuerzas del mercado podrían ahora constituirse en una fuerza para el bien. Sin embargo, si no están acompañadas por intervenciones del sector público, el proceso será demasiado lento como para poder frenar el cambio climático. La medida más simple y transparente sería un impuesto mundial a los combustibles fósiles (el llamado “carbon tax”) - y mucho más simple que el complejo sistema de compra-venta de permisos de emisiones de CO2 establecido a partir de la cumbre de Kyoto. Por supuesto que las grandes empresas de petróleo y carbón se oponen ferozmente a un impuesto de este tipo, al igual que los países productores de petróleo y carbón. Pero el impuesto estaría en conformidad con el principio de "quien contamina paga", y debería poder encontrar el respaldo de la emergente industria de energía renovable, actualmente en rápido crecimiento. Así que tal vez las relaciones de poder en este sentido cambiarán en un futuro no muy lejano.
