Las personas y los países serios saben que no se puede gastar así no más. También se necesita ingresos para cubrir los gastos. Como descubrió el presidente norteamericano Franklin Roosevelt en los años treinta (y más tarde lo racionalizó teóricamente Keynes), el endeudamiento y el gasto público pueden ser necesarios durante un período para evitar la profundización de una crisis o para librar una guerra. Pero no se puede hacer a gran escala de forma infinita sin consecuencias graves, sobre todo una deuda nacional que crece fuera de control.
EE.UU. y la mayoría de los demás países del mundo tuvieron enormes déficits durante la crisis financiera de 2009 y nuevamente durante la emergencia del Covid. Ayudó a evitar un desplome de la economía mundial. Desde entonces, la mayoría de los países han controlado algo sus déficits. pero muchos todavía tienen déficits elevados, y aquí se destaca EE.UU.
Durante la emergencia de Covid, los ingresos del gobierno de EE. UU. se desplomaron y el gasto se disparó, dejando un déficit del 14,7% del PIB para 2020 y del 11,8% para 2021. A medida que la economía se reactivó después del Covid, el déficit también disminuyó. Se redujo al 5,3% en 2022, pero ahora vuelve a dispararse. Se espera que el déficit alcance el 7,4% en 2023 y sólo se reduzca marginalmente a 5,9% el próximo año. Como señaló la revista Forbes: "esta es la primera vez que el gasto público se mantiene tan alto en medio de una economía en crecimiento". La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) espera que el déficit continúe durante la próxima década en alrededor del 6% del PIB (y alcance alrededor del 10% en 2053). Si se hubiera tratado de un país latinoamericano, los norteamericanos hablarían con desdén de “repúblicas bananeras”. Pero no, es “God’s own country”.
Esta política irresponsable se refleja por supuesto en una creciente deuda pública. La deuda pública bruta de EE.UU. alcanzó el 132% del PIB durante la epidemia de Covid, pero durante los años siguientes la alta tasa de inflación socavó algo el valor de la deuda pública (y por lo tanto causó grandes pérdidas para los que habían invertido sus ahorros en bonos gubernamentales), por lo que este porcentaje ahora se ha reducido a aproximadamente 120%. Pero como las tasas de interés han aumentado, el refinanciamiento de la deuda es ahora más costosa y el pago de intereses sobre la deuda es una carga cada vez mayor para el sector público. En 2023, el pago de intereses netos de la deuda pública estadounidense alcanzará los 659 mil millones de dólares, lo que corresponde al 2,5% del PIB. A modo de comparación, el presupuesto militar de EE.UU. (que supera él de los 10 países siguientes en su conjunto) ascendió en 2023 a unos 840 mil millones de dólares. Los pagos netos de intereses sobre la deuda pública pueden llegar a ser superiores a los gastos militares ya en 2026.

Fuente: https://www.pgpf.org/budget-basics/what-are-interest-costs-on-the-national-debt
La administración Biden está orgullosa de que EE.UU. hasta ahora, a diferencia de la mayoría de sus aliados, haya evitado la recesión que muchos predecían. La eurozona se contrajo en el tercer trimestre de 2023 y se espera que continúe haciéndolo en el cuarto trimestre. Lo mismo ocurre con Japón. Suecia ya está en recesión, al igual que Dinamarca. Con este trasfondo, el crecimiento proyectado de la economía estadounidense del 2,5% para 2023 y del 1,2% para 2024 luce bien (incluso si las cifras de crecimiento de EE.UU. tienden a ser ajustadas a la baja más adelante, cuando se disponga de datos más fiables). Sin embargo, el mayor crecimiento en EE.UU. no debería sorprender, ya que está estrechamente relacionado con la política de libre gasto de la administración Biden. Mientras el Banco Central de EE.UU. está absorbiendo circulante y manteniendo altas las tasas de interés, el gobierno está gastando como nunca antes, manteniendo así la demanda. Es probable que esto continúe (al menos hasta después de las elecciones presidenciales de 2024).
Por supuesto, hay otros países que están en una peor situación en lo que respecta a la carga de los pagos de intereses, no porque su deuda pública sea mayor, sino porque no tienen acceso al financiamiento barato que tiene EE.UU. Así, por ejemplo en Brasil los pagos de intereses superan el 8% del PIB, en México el 5,4% y en la India el 5,2%, a pesar de que su deuda en relación al PIB es mucho menor que en EE.UU.
El problema para EE.UU. es que se prevé que los déficits continuarán. El sistema político disfuncional en el que el Congreso puede ponerse de acuerdo sobre el gasto pero no sobre aumentos de impuestos o recortes del gasto, significa que la imprenta de dinero continuará funcionando a todo vapor. Este espectáculo surreal está empezando a aparentar más y más insostenible. Incluso la prensa estadounidense que apoya a la administración Biden está empezando a preocuparse, como por ejemplo el diario “New York Times”, pero todavía tienden a concluir que las tasas de interés pronto volverán a bajar y entonces la deuda ya no será un gran problema (como en este análisis de Goldman Sachs). Pueden señalar el caso de Japón, donde la deuda pública como porcentaje del PIB es más del doble que la de EE.UU., y aún así los pagos de intereses sobre la deuda pública representan en Japón sólo el 1,4% del PIB. Sin embargo, esta comparación puede ser demasiado optimista, ya que la tasa de ahorro en Japón es extremadamente alta y el tipo de interés de un bono gubernamental a 20 años es bajísimo: 1,5% (con una inflación actual del 3%).

El republicano Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU., y el presidente Joe Biden se pelean sobre las prioridades para aumentar el gasto: Ucrania o el control fronterizo, no sobre cómo financiarlo. Esa es la parte fácil: la imprenta de billetes.
El desafío será si EE.UU. sigue a Europa y Japón en el camino hacia la recesión en 2024, lo que muchos creen va a ser el caso. Reuters informa que “los bancos de inversión y los administradores de capitales tienen (…) profundas divisiones sobre si la economía estadounidense entrará en una recesión largamente anunciada y arrastrará a la economía mundial con ella”. Los indicadores que mencioné hace dos años, que son signos de burbujas en el mercado (principalmente el mercado inmobiliario y el mercado de valores), no han cambiado, y estas burbujas tendrán necesariamente que desinflarse en algún momento, ya sea como un estallido repentino (crisis) o desinflándose paulatinamente (el llamado “aterrizaje suave”).
La reacción normal de los políticos en caso de una recesión o una crisis económica es aumentar otra vez el gasto público para evitar una crisis profunda. Implicaría aumentar aún más el ya elevado déficit. De esta forma EE.UU. se encaminaría definitivamente en rumbo insostenible, incluso en el corto plazo.
A esto se suma la política beligerante de EE.UU. frente a China, Rusia y parte del Sur Global. La secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, dice sentirse confiada que EE.UU. puede permitirse “absolutamente” librar dos guerras de forma simultánea (Ucrania y Gaza), pero otros señalan que EE.UU. puede terminar involucrado en otras guerras más, y por lo tanto no se sienten tan seguros. De ser así, las cosas empezarían a complicarse para EE.UU. Y no soy sólo yo, quien lo piensa.
