13 09 2025

¿Tiene alguna lógica la guerra arancelaria de Trump?

El 2 de abril de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump anunció los detalles de su guerra arancelaria. Denominó el día "Día de la Liberación". El 2 de abril de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump anunció los detalles de su guerra arancelaria. Denominó el día "Día de la Liberación". Foto de la Casa Blanca: https://www.whitehouse.gov/gallery/liberation-day-president-trump-at-the-make-america-wealthy-again-event/

El presidente estadounidense Donald Trump está utilizando aranceles y la amenaza de imponer más aranceles para imponer acuerdos comerciales favorables para EE.UU. a aliados y adversarios. Su objetivo declarado es reducir el déficit comercial de EE.UU., generar ingresos para las finanzas públicas para reducir el eterno déficit presupuestario y obligar a las empresas privadas a trasladar su producción al país. Pero ¿tiene alguna lógica lo que hace? ¿O es simplemente un loco que retumba como un toro en una cristalería?

¿Cuál es la justificación de estos aranceles (si es que hay alguna)?

Trump ha nombrado como presidente de su Consejo de Asesores Económicos a un economista poco conocido, Stephen Miran, que viene de un fondo de inversión privado (Hudson Bay Capital Management). En noviembre de 2024, Miran escribió un artículo que intentaba fundamentar económicamente la política arancelaria de Trump. Gracias a su nuevo puesto de alto nivel en la Casa Blanca, este documento ha sido leído y debatido ampliamente por personas preocupadas de Wall Street. Ahora, este interés ha resurgido tras la nominación de Miran por parte de Trump para la Junta de la Reserva Federal (el Banco Central). En particular, su propuesta de imponer un acuerdo a las principales economías mundiales para apoyar una depreciación controlada del dólar estadounidense, como se hizo en 1985 con el "Acuerdo Plaza" (en aquel entonces principalmente en relación con el yen japonés). Miran ha denominado su propuesta un "Acuerdo de Mar-a-Lago" (en honor al campo de golf de Trump en Florida).

El análisis se basa en la premisa fundamental de que los persistentes déficits del sector público y del comercio exterior de EE.UU., así como la creciente deuda pública, son insostenibles. Por lo tanto, es necesario tomar medidas. La receta normal en estas situaciones es devaluar la moneda (el dólar estadounidense), pero se argumenta que como funciona como la principal moneda de reserva para el resto del mundo, el dólar tiene una gran demanda y por lo tanto es difícil lograr una devaluación.

Trump ha nombrado a un economista poco conocido, Stephen Miran, para el puesto de  presidente de su Consejo de Asesores Económicos. Ahora lo ha nominado para ser miembro de la Junta Directiva del Banco Central de Estados Unidos. Imagen de Wikimedia.

Resulta gracioso leer los artículos de los comentaristas financieros y económicos. Básicamente, los podemos dividir en dos bandos: el primero cree que la economía estadounidense estaba mejor que nunca, antes que Trump llegara al poder, que los déficits eran manejables, así que no había necesidad de "hacer algo" desde el principio. Por lo tanto, todo se puede descartar como un disparate. A pesar de que dos tercios de los estadounidenses en aquel entonces consideraban que el país iba "en la dirección equivocada" y que el Partido Demócrata tenía la peor calificación en décadas.

El otro bando reconoce que hay problemas más profundos en la economía de EE.UU., principalmente por la deuda pública, creciendo fuera de control, pero también por el persistente déficit en el comercio exterior, por lo que hay que “hacer algo”. No significa que necesariamente apoyen la cruzada arancelaria de Trump, ni mucho menos su "Grande y Hermosa Ley Presupuestaria", aprobada por el Congreso en julio. A muchos de ellos se les suele llamar conservadores fiscales.

Esta es, por supuesto, una pregunta fundamental. Si no hay problemas serios en la economía estadounidense, no hay ninguna justificación para las guerras arancelarias de Trump. No hay por ende necesidad de buscar un lógica.

Quienes han seguido mis artículos sobre la economía estadounidense sabrán que creo que EE.UU. tiene problemas más profundos, y, en particular, que la deuda pública es insostenible a largo plazo. Es difícil predecir qué tan largo es el largo plazo. Pero no puede continuar eternamente.

Entre los que coinciden en que "hay que hacer algo", hay quienes argumentan que el principal problema en EE.UU. es el déficit fiscal. La receta es simple: reducir el gasto y/o aumentar los impuestos. Esto probablemente provocaría una recesión y aumentaría el desempleo. El Banco Central podría entonces reducir los tipos de interés, lo que haría que invertir en EE.UU. sea menos atractivo. Por lo tanto, el dólar se devaluaría (como se pretendía), se restauraría la competitividad estadounidense y el déficit en el comercio exterior disminuiría. Se puede estar de acuerdo o no con esta argumentación, pero el principal obstáculo para ir por este camino es que, como funciona el sistema político estadounidense, es fácil aprobar nuevos gastos, pero casi imposible conseguir una mayoría que apruebe recortes de gastos o incremento de los impuestos (como vimos recientemente con la "Grande y Hermosa Ley" de Trump).

Sin embargo, hay quienes argumentan que esto de todos modos no será posible, ya que existe un exceso de ahorro global y este ahorro tiene que ir a alguna parte (como argumentó en 2015 Ben Bernanke, expresidente del Banco Central de EE. UU.). Existen diferentes explicaciones para este exceso de ahorro.

Una explicación es que muchos bancos centrales alrededor del mundo están acumulando reservas de divisas, en particular de dólares estadounidenses. Así lo hicieron por ejemplo los países asiáticos tras la desastrosa crisis financiera de 1997-1998. En principio, los déficits y superávits en el comercio exterior deben sumar a cero a nivel mundial (salvo por posibles errores estadísticos), por lo que si algunos países tienen superávits para acumular reservas de divisas, otros tienen que incurrir en déficits. EE.UU. lo ha hecho con gusto. Por lo menos hasta ahora.

Pero ¿por qué los países quieren acumular reservas de divisas y oro? Como he mencionado antes, se suponía que el Fondo Monetario Internacional (FMI) garantizaría que los países no necesitaran acumular grandes reservas, ya que el FMI proporcionaría una red de seguridad financiera cuando fuera necesario. Sin embargo, en realidad no funciona así, como lo descubrieron los países asiáticos durante la crisis financiera asiática de 1997-1998. Fue tras esa amarga experiencia que comenzó la, por lo demás, irracional acumulación de reservas, no solo en Asia. Como ha observado el propio FMI, su papel como red de seguridad financiera ha ido disminuyendo durante décadas y ahora es insignificante: los países garantizan su seguridad financiera con sus propias reservas de divisas, oro y acuerdos regionales de intercambio, no el FMI. Por lo tanto, el FMI, bajo el mando de Estados Unidos, es el responsable del fracaso por no cumplir con su propósito.

El alza del precio del oro ha provocado una fiebre de oro mundial. En la foto, el pozo Hlanganani en la mina de oro Driefontein, en la región desértica de Westrand, provincia de Gauteng, Sudáfrica. Wikimedia Commons.

La situación actual es que la tasa de crecimiento de las reservas mundiales de divisas ha disminuido en los últimos años, y los bancos centrales están aumentando la proporción de oro en sus reservas, de modo que ahora poseen más oro que bonos del Tesoro estadounidenses. Se espera que esta tendencia continúe. La demanda de oro ha impulsado al alza su precio, y se encuentra actualmente en un máximo histórico, tres veces el nivel de 2017 y trece veces el del año 2000. Sin embargo, el oro es diferente al dólar. El oro es un activo físico que se produce (la producción mundial ronda las 5,000 toneladas al año), lo que significa que los países pueden aumentar sus reservas de oro sin necesidad de que ningún país incurra un déficit en su balance de pagos. Dado que el crecimiento de las reservas se está desacelerando y cada vez más se constituyen de oro, la demanda de dólares de los bancos centrales ya no puede explicar los déficits en la balance de pagos de EE.UU.

Otra forma de explicar los déficits en el comercio exterior de EE.UU. es la inversión extranjera en el país. Un flujo de capital (ahorro extranjero) hacia EE.UU. implica, por definición, un déficit en la balanza de pagos. La explicación habitual es que los activos estadounidenses se consideran un "refugio seguro" para los fondos de capital y personas adineradas de todo el mundo, incluso cuando la rentabilidad no sea necesariamente muy atractiva. Por lo tanto, el ahorro global es transferido a EE.UU. para comprar bonos del Tesoro, acciones y bienes raíces, lo que impulsa el precio del dólar e infla el valor de las acciones y los bienes raíces. Probablemente, se está formando una burbuja financiera que en su momento debe desinflarse (o estallar).

Algunos no miran como problema un déficit causado ​​por el flujo de capital hacia el país, ya que significa, por un lado, que el déficit ya está financiado y, por otro, que los inversionistas estarían sufriendo las consecuencias si llega a provocar una burbuja que se estalla. Es una consideración algo ingenua, ya que el estallido de una burbuja financiera normalmente provoca calamidades económicas mucho más amplias, donde no solo saldrían perjudicados los inversionistas extranjeros.

Sin embargo, si el objetivo es limitar el flujo de capital extranjero y lograr una devaluación del dólar, existen maneras más sencillas de hacerlo que los aranceles de Trump y el propuesto "Acuerdo de Mar-a-Lago", por ejemplo, imponiendo un impuesto a los flujos de capital para limitar el movimiento de capital especulativo. Otros países antes ya lo han hecho (entre ellos, Brasil, Chile y Tailandia).

Para concluir esta parte, mi opinión es que EE.UU. sí tiene problemas económicos más profundos, como lo reflejan los persistentes déficits fiscales y de comercio exterior. Sin embargo, existen diferentes maneras de abordarlos. En el próximo artículo, analizaremos las políticas de Trump y sus posibles efectos.

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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