15 11 2025

Las malas decisiones de la Unión Europea

Días felices en Bruselas: Trump posa junto a Ursula von der Leyen y otros políticos de la Unión Europea el 28 de julio de 2025, después de que la UE se arrodillara y dejaba a Trump arrasarla. Días felices en Bruselas: Trump posa junto a Ursula von der Leyen y otros políticos de la Unión Europea el 28 de julio de 2025, después de que la UE se arrodillara y dejaba a Trump arrasarla. https://useu.usmission.gov/

La principal razón por la que la Unión Europea, a diferencia de China, cedió ante la ofensiva arancelaria de Donald Trump sin oponer resistencia, no radica en que su dependencia comercial de EE.UU. sea mucho mayor que la de China, sino en que la UE tiene otras prioridades, principalmente Ucrania; sus fuerzas militares dependen de EE.UU.; su burocracia está mal preparada para este tipo de conflicto; y la unión carece de coherencia interna si decidiera defenderse. Por lo tanto, es una presa fácil para un depredador como Trump.

Al parecer, Donald Trump consiguió lo que quería de la UE: un impuesto del 15% sobre todas las importaciones estadounidenses procedentes de la UE (50% para el acero y el aluminio), la no imposición de aranceles recíprocas a las exportaciones estadounidenses a la UE, el abandono por parte de la UE de sus los planes de cargar impuestos a las empresas digitales (Apple, Meta, Google, etc.), la no-regulación de parte de la UE de los gigantes tecnológicos estadounidenses y el compromiso de la UE de comprar más petróleo, gas, productos agrícolas y equipo militar a EE.UU. A esto se agrega algunas promesas más vagas (por ejemplo, de invertir 600 mil millones de dólares en la economía estadounidense). El acuerdo no es un tratado formal, sino una “declaración conjunta” (una especie de “memorando de entendimiento”), y como si Trump no confiara en esta declaración conjunta, manifestó un par de días después en las redes sociales: Advierto a todos los países con impuestos, legislación, normas o reglamentos digitales, que a menos que se eliminen estas medidas discriminatorias, yo (...) impondré aranceles adicionales sustanciales a las exportaciones de estos países a EE.UU.”

Como mencioné en mi artículo anterior, en una guerra comercial, a corto plazo, lo que cuenta es la capacidad de cada contrincante para infligir daño inmediato al otro, y a largo plazo, la paciencia estratégica de cada contrincante para aguantar las dificultades a corto plazo con el fin de obtener beneficios a largo plazo al adoptar una posición firme.

Analicemos primero la dependencia comercial, o mejor dicho, la interdependencia. Los países de la UE exportaron en 2024 a EE.UU. por un valor de 864,000 millones de euros (530,000 millones en bienes y 335,000 millones en servicios). Esto corresponde a aproximadamente el 4.8 % del PIB de la UE de ese año. EE.UU. tiene un déficit en el comercio de bienes con la UE, pero un superávit en el de servicios. En total, el superávit comercial de la UE con EE.UU. en 2023, según datos de la UE, fue de aproximadamente 48,000 millones de euros. Esto representa un insignificante 0.2 % del PIB estadounidense.

En el hipotético caso de que el comercio entre la UE y EE.UU. se interrumpiera repentinamente por completo, el impacto equivaldría entonces al 4.8 % del PIB de la UE y a cerca del 2.2 % del PIB estadounidense. Obviamente, este escenario es improbable bajo cualquier circunstancia, ya que cortaría por completo las cadenas de suministro entre ambas economías, y el efecto negativo sería mucho mayor para ambas. Sin embargo, nos da una idea del tamaño de la interdependencia. En una guerra comercial, ambos contrincantes intentarían, sin duda, obstaculizar el comercio en áreas que afecten más al otro que a sí mismo. EE.UU. podría, por ejemplo, suspender la importación de automóviles de la UE, o la UE podría suspender la importación de equipo militar de EE.UU., o imponer aranceles o suspender los pagos por propiedad intelectual a EE.UU. Lo cierto es que ambos contrincantes tienen una capacidad considerable para perjudicar al otro.

La UE dispone de un “instrumento anticoerción”, a veces denominado su “bazuca”, que puede utilizarse, por ejemplo, en guerras comerciales. La UE decidió no utilizarlo en el conflicto con EE.UU. sino rendirse. La imagen es generada por IA.

La UE, a diferencia de Trump, estaría sujeta a restricciones legales, pero efectivamente cuenta con un instrumento jurídico que podría utilizar, al que Reuters denomina la “opción nuclear” y otros lo llaman “la bazuca”: el llamado “Instrumento Anticoerción”, aprobado por el Parlamento Europeo en 2023 (¡con el objetivo de poder castigar a China!). Este instrumento (que solo requiere una mayoría cualificada de los miembros de la UE) indica que, “si un tercer país recurre a la coerción”, el bloque puede responder, “en la medida de lo posible mediante el diálogo y la cooperación, pero también, si fuera necesario, mediante medidas de respuesta. Puede ir más allá de la imposición de aranceles recíprocas, permitiendo la imposición de restricciones a la importación y exportación de bienes y servicios, así como a los derechos de propiedad intelectual y la inversión extranjera directa. Permite a la UE restringir el acceso al mercado de la UE de diferentes formas, en particular a la contratación pública, así como prohibir proveedores extranjeros vender alimentos y productos químicos en el bloque.

Sin embargo, la UE optó, como ya se ha mencionado, por no oponer resistencia sino más bien rendirse, a pesar de tener numerosos ases en la manga que podría jugar (para seguir con el lenguaje de póker que tanto le gusta a Trump). ¿Por qué?

Hay varias razones.

En primer lugar, la UE tiene otras prioridades que pesan más que el crecimiento económico, el empleo y el bienestar de sus ciudadanos: principalmente Ucrania. La UE ha decidido que la victoria de Ucrania en la guerra contra Rusia es crucial para su supervivencia. Parece una locura, pero así lo ven los políticos y burócratas de la UE. Temen que, si se enemistan con Trump, este detenga el suministro de armas a Ucrania (ya ha suspendido el financiamiento, por lo que la UE y otros países de la OTAN tienen que comprar el armamento estadounidense). A esto se suma que la UE depende en gran medida de EE.UU. y de los aproximadamente 84.000 soldados norteamericanos estacionados en Europa en lo que respecta a su seguridad (frente a Rusia, supongo). El temor es, por lo tanto, que una guerra comercial con EE.UU. pueda llevar a Trump a reducir la presencia militar estadounidense en la UE (o a retirarla por completo, lo que es muy improbable).

En segundo lugar, una guerra comercial afectaría a los países de la UE de manera diferente, según su dependencia del comercio con EE.UU. Algunos países están más expuestos (como Alemania e Irlanda), mientras que otros tienen muy poco comercio con EE.UU. (la mayor parte de Europa del Este). Por lo tanto, será difícil llegar a un acuerdo sobre las contramedidas. Además, los grupos de presión industriales son poderosos en la UE. Se dice que Volkswagen, que tiene mucho que perder si el mercado estadounidense se cierra a los automóviles de la UE, fue instrumental para que Alemania se oponga a responderle a Trump con la misma moneda. Existe, pues, una falta de coherencia interna en la UE.

Volkswagen exportó alrededor de 380.000 automóviles a Estados Unidos en 2024. Ha ejercido una fuerte presión sobre la UE para evitar una guerra comercial. Foto de Volkswagen.

Si analizamos las consecuencias a largo plazo de la decisión de la UE de rendirse ante EE.UU. el panorama es desalentador.

Ha tenido un alto costo para la UE someterse y alinearse con las sanciones y la política comercial estadounidenses.

El abandono del petróleo y el gas rusos baratos y el cambio al GNL estadounidense, caro y contaminante, y al petróleo de países lejanos, han hecho que la energía en la UE ahora es cara en comparación con EE.UU. y China. La destrucción del gaseoducto North Stream a Alemania, auspiciada por EE.UU., ha contribuido a este cambio. El costo promedio de la electricidad para la industria por kilovatio-hora (kWh) en EE.UU. es de 0.096 dólares, en China de 0.088 dólares y en la UE de 0.22 dólares (¡o sea, más del doble!). El costo promedio por kWh de gas natural para la industria ronda los 0.05 dólares en EE.UU. y China, mientras que se sitúa entre 0.08 dólares (Bulgaria) y 0.18 dólares (Suecia) en la UE (¡o sea, hasta tres veces más caro!). Esta energía cara ha provocado un declive en las industrias de alto consumo energético en la UE, entre ellas la industria química alemana, un declive que podría ser irreversible.

Más importante aún, si bien la UE cuenta con una sólida posición en varios sectores de alta tecnología (como la producción de maquinaria para la fabricación de semiconductores (chips) y la industria farmacéutica), se encuentra rezagada en otros tantos, entre ellos la inteligencia artificial, los semiconductores, la tecnología espacial y los vehículos eléctricos. La sumisión a la política estadounidense ha agravado la situación. En comparación con EE.UU., las mayores empresas tecnológicas estadounidenses son 20 veces más grandes que las de la UE, y en comparación con China, la política y la planificación industrial chinas son mucho más eficientes que las de la UE. Se dice muchas veces que la UE es campeón en el campo de la regulación. Sin embargo, la regulación en si no proporciona liderazgo tecnológico. Como ya he mencionado, el problema radica en que, desde la década de 1980, la UE ha pasado de un proyecto desarrollista a uno neoliberal. EE.UU. ha implementado políticas industriales para competir con China por el liderazgo tecnológico, tanto bajo la administración Biden (por ejemplo, la “Ley de Chips” y la “Ley de Reducción de la Inflación”) como bajo la de Trump (coacción a empresas tecnológicas nacionales y extranjeras para que trasladen su producción a EE.UU.). Estas políticas han impactado negativamente en la economía de la UE y han llevado a muchas empresas importantes de la UE a invertir en EE.UU. en lugar de hacerlo en la UE, con el fin de conseguir las subvenciones norteamericanas, evitar la regulación de la UE y, recientemente, evitar los aranceles estadounidenses sobre sus productos.

Los automóviles modernos utilizan muchos semiconductores (chips). La empresa holandesa de chips Nexperia, propiedad de capital chino, fabrica muchos de ellos. En la foto se muestra el chip de Nexperia para la gestión de baterías NBM7100ABQ. Bajo la presión de EE.UU., el gobierno holandés decidió intervenir y tomar el control de la empresa china, lo que provocó que China interrumpiera el suministro de chips. ¡sorpresa, sorpresa!

La reciente farsa en torno a Nexperia, una empresa de semiconductores (chips) de capital chino con sede en los Países Bajos, revela mucho sobre la relación entre EE.UU. y la UE. El gobierno holandés tomó el control de Nexperia, filial de la empresa china Wingtech, que la había adquirido en 2019 e integrado en sus operaciones en China. Los chips de Nexperia son vitales para la industria automovilística europea. El resultado de la intervención fue una desastrosa interrupción del suministro de chips de Nexperia a la industria. Aunque el Ministro de Economía de Holanda insiste en que no estaba bajo presión de EE.UU. para hacerlo, pocos le creen. Como parte de la tregua temporal en la guerra comercial entre China y EE.UU., Wingtech ha reanudado el suministro de chips de Nexperia a la industria automovilística durante un periodo de 12 meses. Resulta difícil comprender cómo esta medida del gobierno holandés puede beneficiar a la economía de la UE. Claro que, en Holanda no hay una industria automovilística significativa, así que quizá por eso les importa más su relación con EE.UU. que el daño que causan a la industria automovilística europea. Con este comportamiento, no es de extrañar que la UE sea tan débil en la guerra comercial.

La UE ha descubierto de repente su total dependencia de las empresas estadounidenses en servicios en "la nube". La mayor parte de las empresas e incluso de los gobiernos de la UE dependen de proveedores como Google, Microsoft 365 y Amazon Web Services, que en conjunto controlan casi el 70 % del mercado europeo de la nube. La mayoría de sus computadores y servidores propios dependen de software estadounidense (Microsoft, Oracle, Google etc). Incluso las operaciones en la nube de la propia Comisión europesa dependen casi por completo de proveedores estadounidenses, lo que expone las operaciones diarias de la UE a la amenaza de sanciones estadounidenses. Muchos gobiernos de la UE, incluyendo Dinamarca, utilizan casi exclusivamente plataformas de Microsoft para la administración, incluido “Microsoft Teams” para la comunicación, a pesar de que Microsoft está obligada por ley a dar acceso a los datos a las agencias de seguridad estadounidenses. Suecia, por la misma razón, ha decidido no utilizarlo (desconozco si efectivamente lo ha logrado). Significa que cuando los políticos y funcionarios gubernamentales europeos hablan entre sí, la NSA está escuchando (como nos contó Edward Snowden).

Esta dependencia de los servicios en la nube estadounidenses supone un riesgo estratégico, ya que los servicios y el software en la nube están sujetos a controles de exportación, sanciones y mandatos políticos que pueden invalidar los acuerdos con los clientes. Independientemente de si el presidente de EE.UU. se llama Trump o no. Que se lo pregunten a los rusos.

A largo plazo no es imposible para la UE superar estas debilidades con una política industrial inteligente basada en la regulación y las subvenciones específicas. Pero el mero hecho de que la UE haya cedido ante la presión estadounidense en la guerra comercial lo dificulta enormemente, o incluso lo imposibilita. Aparte de algunas muestras de preocupación por aquí y por allá, no hay indicios de que los países de la UE vayan a tomar medidas serias al respecto.

Las prioridades para la UE ahora son Ucrania, la ampliación de la UE y el rearme. Al infierno con lo demás.

Y así será.

 

 

 

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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