08 04 2014

Ya que el Gobierno Sirio está ganando - ¿qué sigue?

Hace un año y medio se hablaba mucho de la inminente caída del Presidente sirio Bashar al-Assad, y durante el último año el tema cambió a un supuesto “empate” en la guerra civil en Siria. Ya queda claro – nos guste o no nos guste - que la presente fase de la guerra civil siria está acercándose a su fin, siempre y cuando no haya una intervención militar del exterior. La decisión aparente del Gobierno de los EE.UU. de proveer armas más avanzadas a los rebeldes puede atrasar el proceso, pero no cambiará el resultado. La gran interrogante es ahora: ¿qué sigue?

La respuesta depende de factores internos y externos. El factor interno más importante es, cómo la clase dirigente de Siria manejará la victoria. ¿Será que ha aprendido de los errores cometidos cuando las protestas comenzaron hace tres años, y que esta vez buscarán reconciliación, inclusión y apertura democrática? ¿O será que simplemente usará la victoria para restablecer el poder del viejo élite? Si optan por lo último, el conflicto será largo y con seguridad veremos nuevos estallidos de rebelión en un futuro cercano. Hay sin embargo por lo menos algunos indicios de que la situación ha cambiado, tal vez como resultado de que los militares ahora tienen un poder más fuerte de y que los temidos servicios de seguridad, conocidos por su brutalidad, han sido debilitados. La verdad es que se sabe poco sobre el tema. Los que solamente quieren restablecer el orden viejo se sentirán seguramente inspirados y alentados por el golpe militar en Egipto, que paradójicamente ha recibido apoyo político tanto de los EE.UU. como de Rusia.

Si se logra algún tipo de reconciliación internamente en Siria, ¿cuál será la reacción de los poderes externos? El Gobierno de Siria tiene enemigos muy poderosos (y afluentes): Qatar, Arabia Saudita, Turquía y – por supuesto – Israel y EE.UU. Si estos países reaccionen como lo han hecho en otras circunstancias, como por ejemplo frente a la intervención de la Unión Soviética en Afganistán, o a la revolución Sandinista en Nicaragua en los años 1980, el resultado puede ser un período prolongado de una guerra de baja intensidad.

Durante los años 1980 los EE.UU. armaron una rebelión militar en Nicaragua llamada “los contras”, y les aseguraron bases en el vecino Honduras. El gobierno hondureño nunca admitió la existencia de estas bases de los contras, a pesar de reportajes en la prensa y hasta visitas de políticos de EE.UU. para alentar a los luchadores por la libertad. Las bases sirvieron como un refugio para los contras, fuera del alcance del ejército de Nicaragua, ya que un ataque sería considerado como una agresión militar a un aliado pacífico de EE.UU. Así que los contras cruzaron la frontera a su gusto, y se retiraron al lado hondureño cuando fueron contraatacados. La idea original era de establecer una cabeza de puente en territorio nicaragüense y establecer un gobierno alternativo, que luego podría ser reconocido por “la comunidad internacional”. Aunque nunca se logró este objetivo, ya que los Sandinistas, con apoyo de la extinta Unión Soviética, eran demasiado fuertes, tanto políticamente como militarmente, el daño causado al país era enorme con una inversión relativamente pequeña de parte de EE.UU., en comparación con el costo de una intervención abierta militar. Así que la estrategia fue exitosa, desde el punto de vista de EE.UU.

Ya se puede ver señales de una estrategia similar en el caso de Siria. Se ejecuta desde dos territorios: Turquía y Jordania, ambos estrechos aliados de EE.UU., y en el caso de Turquía amparada por su participación en OTAN. Turquía ya tiene tiempo de servir como ruta para los luchadores islámicos y como línea de suministro para los rebeldes. Las apuestas se han incrementado últimamente, ya que los turcos han permitido un ataque de los rebeldes desde territorio turco a la aldea armenia Kessab, cerca a Latakia, y - según por lo menos algunas fuentes de información - con apoyo logístico y militar de las fuerzas armadas turcas. El ataque no tiene ninguna posibilidad de amenazar seriamente el dominio del ejército siria de la provincia, pero parece un intento – parcialmente exitoso – de desviar fuerzas del ejército desde otras zonas de combate. Se ha rumoreado algo similar en la frontera con Jordania ya por algunos meses – se ha anunciado una “ofensiva de primavera” de los rebeldes – pero hasta el momento no se ha concretizada, a pesar de que se ha establecido un comando conjunto entre OTAN y los rebeldes en Jordania. Así que parece que se está dando una repetición de la guerra de “los contras” en Nicaragua.

Pero será que EE.UU. y sus aliados – incluyendo OTAN – ya han decidido emprender una guerra prolongada de baja intensidad contra el Gobierno de Siria para así desgastarlo? Es difícil saberlo, y puede ser que dependa de la posibilidad de establecer conversaciones directas entre EE.UU. y Siria, asumiendo que EE.UU. no ponga condiciones inaceptables para el Gobierno Sirio. Si las conversaciones comienzan con una exigencia de que “Assad tiene que dimitir”, así como se hizo en la conferencia de Ginebra, las pláticas no tendrán futuro. Si en lugar de ello, se podrían enfocar en cuestiones como elecciones con algún tipo de monitoreo internacional, un retorno de los refugiados y la reconstrucción del país, tal vez habría un camino hacia adelante. Desafortunadamente, no hay mucha probabilidad de que se dé un desenlace así de positivo.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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