¿Estados Unidos realmente intenta iniciar una guerra contra Venezuela? Todo el preludio se asemeja a la desastrosa invasión de Irak de 2023. Los norteamericanos están amenazando un país que no representa ninguna amenaza para ellos, pero que posee enormes recursos naturales (petróleo, gas, oro, etc.), y que económicamente está de rodillas debido a sanciones estadounidenses sin precedentes. Puede ser que Trump invade. Y puede que no. Es una idea tan descabellada que cuesta creerla, pero ¿quién sabe qué pasa por la cabeza de Donald Trump?
Por supuesto, le anima la concesión del Premio Nobel de la Paz a la líder de la oposición, Corina Machado, quien le ruega a Trump a que invada a su país (¡gracias, Noruega, siempre dispuesta a defender la paz!). Sin duda, no será la Unión Europea que lo detenga. A la UE la encanta el cambio de régimen, y si eso requiere una invasión, que así sea. Ni los gobiernos de derecha de Argentina, Perú y Ecuador. Las únicas voces de protesta en la región provienen de México, Colombia y Brasil (y Cuba y Nicaragua). El resto es silencio. Rusia, China e Irán protestan, pero no pueden hacer nada significativo para detener a Trump.
Una ventaja de Trump es que le importa un bledo disimular lo que hace. No necesita una "coalición de los dispuestos" (al estilo Bush), ni afirmar que lo que está haciendo es por los derechos humanos y la democracia (al estilo Biden), etc. En cambio, está justificando sus agresiones con la espuria afirmación de que Venezuela exporta cocaína a Estados Unidos y que el presidente Maduro lidera un cártel de la droga ficticio en el que nadie cree, excepto él: "El cártel de los soles". Gustavo Petro, presidente de Colombia, lo ha dejado claro: “no existe”. No obstante, ahora esto se presenta como un hecho (como cuando sostuvieron que Saddam Hussein estaba involucrado en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001). No hay que esperar que los medios estadounidenses lo corrijan. Quizás después, cuando ya a nadie le importe. Pero no ahora. Como señala el periódico Financial Times, el verdadero motivo de Trump es apoderarse de los enormes recursos naturales de Venezuela.

El mapa es del último informe anual de la Agencia de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y demuestra las rutas marítimas más importantes de la droga a EE.UU.
Si el objetivo realmente fuera limitar el tráfico de cocaína a Estados Unidos, enfocarse en Venezuela resulta extraordinariamente inverosímil. Venezuela no tiene una producción de cocaína digna de mención (el mayor productor es Colombia, un aliado cercano de Estados Unidos, donde los norteamericanos tienen acceso a siete bases militares y donde hay una importante presencia de su Agencia Antidrogas (DEA))w. Según la Agencia de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, existe cierto tráfico de cocaína a través de Venezuela, pero las rutas más importantes hacia Estados Unidos son directamente desde Colombia o a través de Ecuador. ¡Así que quizás deberían trasladar sus buques de guerra a otras costas!
El despliegue actual de fuerzas estadounidenses en el Caribe (y bases en Puerto Rico) y cerca de las costas venezolanas es considerable: ocho buques de guerra, aviones de combate F-35, drones MQ-9 Reaper y alrededor de 10,000 soldados. Dos bombarderos B-52 estadounidenses volaron en espacio aéreo internacional cerca de la costa venezolana el 17 de octubre en una demostración de fuerza. Trump también ha declarado que ha autorizado operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela.

Ubicaciones aproximadas de las unidades militares de EE. UU. mobilizadas en el Caribe al 3 de octubre de 2025.Wikipedia.
Además de señalar la total ilegalidad de lo que está haciendo EE.UU. (por el momento, "solamente" mata a personas en pequeñas embarcaciones que, según Trump, son narcotraficantes, sin presentar ninguna prueba), aquí algunas observaciones:
La primera es que, aunque 10.000 tropas suenan a mucho, no son suficientes para una invasión a gran escala. La invasión de Panamá en 1989, un país mucho más pequeño y donde Estados Unidos ya contaba con bases militares, fue llevada a cabo por más de 26,000 soldados. Algunos estiman que necesitarían entre 45.000 y 50.000 tropas para invadir y ocupar Venezuela. Otros estiman que más bien necesitarían 100,000.
La segunda es que Trump no puede mantener desplegada una fuerza naval estadounidense tan significativo indefinidamente. Por lo tanto, Trump debe tomar pronto una decisión sobre qué es lo quiere hacer.
¿Qué podría hacer? Se me ocurren varias opciones:
La primera es una invasión limitada para secuestrar o asesinar al presidente Nicolás Maduro (por quien han ofrecido una recompensa de 50 millones de dólares ) y a otros líderes políticos (como hicieron Israel y Estados Unidos con éxito recientemente en Irán y Líbano), y luego esperar que el ejército venezolano se desintegre y que la oposición venezolana, apoyada por EE.UU., aproveche la oportunidad para tomar el poder.
La segunda es lanzar misiles y bombas contra instalaciones militares para debilitar la capacidad militar de Venezuela (como hizo la OTAN en Libia y Yugoslavia), y luego esperar un levantamiento interno.
La tercera es destruir infraestructura clave, incluyendo pozos petroleros y refinerías, para doblegar al país y a la población (como en Yugoslavia).
La cuarta es establecer un bloqueo naval que imposibilite a Venezuela exportar su petróleo.
Todo esto es, por supuesto, completamente ilegal según el derecho internacional, pero eso nunca le ha preocupado a EE.UU. (y mucho menos a Trump). Fácilmente podría optar por una combinación de todas estas opciones.

Trump quiere impedir que el sector petrolero venezolano opere, en particular obstaculizar las operaciones de la empresa estatal PDVSA. En la foto se muestra el centro de operaciones de Petromonagas de PDVSA, División Carabobo.
La gran pregunta es si funcionará. Depende de varios factores:
En primer lugar, depende de las fuerzas armadas venezolanas: su capacidad para resistir una embestida estadounidense, su respaldo al gobierno y su unidad interna. Pocos dudan de que EE.UU. pueda aplastar militarmente a Venezuela, pero podría sufrir pérdidas mayores de las que está acostumbrado sufrir al invadir países latinoamericanos para lograr cambios de gobiernos (como ha ocurrido con regularidad).
En segundo lugar, depende del respaldo popular al gobierno venezolano. La oposición venezolana asegura a EE.UU. que el gobierno venezolano se desplomará como un castillo de naipes y que la población apoyará con entusiasmo una invasión estadounidense (tal como afirmó la oposición iraquí antes de la invasión de Irak en 2003). Sin embargo, incluso debilitado tras muchos años de crisis económica, el gobierno aún cuenta con una sólida base chavista y cuenta con una Milicia Bolivariana armada, que se dice tiene 4,5 millones efectivos. Aunque no se trate de una fuerza militar regular, es suficiente para crear muchos problemas a las tropas de ocupación estadounidense (y a la oposición que ellos pretenden instalar en el poder). Incluso la BBC, firmemente pro-EE.UU., duda que una invasión estadounidense sea un emprendimiento fácil.
No tengo suficiente conocimiento sobre Venezuela como para atreverme a predecir cuál sería el desenlace de todo esto.
Pero vale la pena tener en cuenta que, tras años de una terrible crisis económica debido a sanciones sin precedentes y una mala gestión económica, Venezuela se encuentra en una situación mucho mejor ahora que hace tres o cuatro años. La economía venezolana ha experimentado un fuerte crecimiento desde mediados de 2021 y se estima que para los primeros tres trimestres de 2025 ha crecido entre un 8 % y un 9 % comparado con el año anterior. Según el representante de la FAO en Venezuela, Venezuela es ahora autosuficiente en más del 90 % en la producción de alimentos. Según la asociación de supermercados, ANSA, hoy el 85% de sus productos se producen en Venezuela, mientras que el 15% restante son importados (el gobierno afirma que es el 97%). La tasa de homicidios ha descendido de un récord de 90 por cada 100,000 habitantes en 2016 a 26 por cada 100,000 habitantes en 2024 (cerca del nivel de Costa Rica). A pesar de las severas sanciones, la producción de petróleo está aumentando y ahora supera un millón de barriles diarios (1.1 millones en septiembre). Tiene un superávit en cuenta corriente del 4.2% del PIB y reservas de divisas (y oro) de más de 13,000 millones de dólares. Según algunos informes, la normalidad reina en el país, y las amenazas de Trump no les quitan el sueño a la población. La otra cara de la moneda es que la inflación sigue siendo demasiado alta y no está bajo control, y aunque la tasa de pobreza haya disminuido, sigue siendo preocupante (es muy difícil obtener cifras fiables).

Vista de Caracas, la capital de Venezuela. Imagínense cómo se vería si Estados Unidos lanzara una campaña de bombardeo similar al de Gaza.
Es fácil restarle importancia a las mejoras en la situación en Venezuela considerándolas insuficientes, pero hay que tener en cuenta que las sanciones estadounidenses implican que cualquier empresa internacional petrolera o minera que opere en Venezuela, o cualquier barco que cargue petróleo venezolano, se verá automáticamente afectada por sanciones estadounidenses secundarias, y que Venezuela ha estado excluida del sistema de pagos internacionales occidental (SWIFT) desde 2019. ¡Las empresas europeas que desean operar en Venezuela deben solicitar una licencia estadounidense (la petrolera española REPSOL tenía una licencia, pero Trump la revocó)!. ¿Se queja la UE de estas sanciones extraterritoriales? Parece mentira, pero no dice nada.
Las sanciones contra Venezuela han causado un daño increíble al país y a su población. Un estudio de 2019 estimó que han causado decenas de miles de muertes. Sin embargo, el país ha logrado sobrevivir y poco a poco se está recuperando.
Parece que eso es justamente lo que Donald Trump y su ministro de Asuntos Exteriores, Marco Rubio, quieren impedir. Con el consentimiento tácito de la Unión Europea.
