14 02 2025

Cómo la globalización neoliberal fue abandonada discretamente

El espectacular ascenso de China como potencia económica y de alta tecnología ha asustado a las potencias occidentales. El espectacular ascenso de China como potencia económica y de alta tecnología ha asustado a las potencias occidentales. https://commission.europa.eu/topics/eu-competitiveness/draghi-report_en

Tras haber sido la política dominante a nivel mundial durante 40 años, las economías avanzadas han abandonado discretamente la globalización neoliberal. Sin embargo, esto no significa un abandono general del neoliberalismo, sino más bien una modificación de la globalización. Los demás elementos principales del neoliberalismo siguen intactos, pero puede que se abran nuevas oportunidades para políticas a favor de la gente común. O tal vez no.

La globalización neoliberal comenzó con la revolución Reagan-Thatcher en los años 1980, se aceleró durante la presidencia de Clinton en los años 1990 y culminó con la devastadora crisis financiera internacional de 2008-2009, donde se hicieron evidentes sus riesgos y limitaciones.

Además de la crisis financiera de 2008-2009, se afirma que el abandono de la globalización neoliberal se debe a varios otros factores:

  • La epidemia de Covid. Evidenció la fragilidad de las cadenas de suministro globales resultantes de la subcontratación inherente a la globalización, lo que de repente se consideró un riesgo de seguridad inaceptable.

  • El ascenso de China como la principal potencia industrial y tecnológica del mundo, basado en la planificación económica y la política industrial. Se considera que es una amenaza a la hegemonía estadounidense y que abre el camino hacia un mundo multipolar.

  • Los efectos políticos negativos de la globalización en los países desarrollados. La desigualdad ha aumentado y muchos empleos bien remunerados han desaparecido y han sido sustituidos por empleos mal pagados de la “gig-economy” (“economía de subcontratistas individuales”), lo que ha provocado el resentimiento de los sectores más pobres de la población (los “deplorables” de Hillary Clinton) y el ascenso de fuerzas políticas no convencionales (a las que se llama descortésmente “populistas”).

  • La transición verde. Ha resultado imposible lograr esta transición basándose únicamente en impuestos al CO2 y/o comercio de cuotas de CO2 conformes con el mercado.

Todo esto puede haber contribuido, pero creo que el factor más importante es el ascenso de China, que amenaza la hegemonía de las potencias occidentales. Hace una década era común que los economistas y los políticos afirmaran que no había motivos para temer a China, ya que su rígido modelo económico dirigido por el Estado era inferior a las innovadoras y dinámicas economías de libre mercado de las potencias occidentales. El modelo económico autoritario de China era derrochador, producía copias baratas e inferiores de los productos occidentales, no podía innovar y acabaría en el fracaso. Todavía se puede encontrar este tipo de declaraciones, pero últimamente son menos frecuentes. El ascenso de China es la principal razón por la cuál de repente se dejó de considerar la globalización neoliberal como algo que favorecía las potencias occidentales.

Significa que el principal factor detrás del abandono de la globalización neoliberal es el miedo. Miedo al nuevo y desconocido orden mundial multipolar y dudas en cuanto al lugar que le corresponderían en él a las potencias occidentales. A esto se agrega un cierto grado de odio hacia quienes han trastocado el bueno viejo orden mundial neoliberal que tan bien ha servido a muchos en las economías avanzadas, sobre todo a los más acaudalados. Tal vez no debe sorprender que va acompañado de insistencias en la necesidad del rearme. El miedo a perder una posición privilegiada y el uso de la violencia van muchas veces de la mano.

No significa que la globalización va a desaparecer, simplemente va a cambiar. Como resultado del creciente uso de sanciones económicas, la economía mundial se está fragmentando cada vez más. Los países seguirán comerciando y, por lo tanto, disfrutando de los beneficios del comercio, pero serán más requirentes respecto de con quién comerciar y qué comerciar. Ya no será fácil imponer un orden económico mundial en el que sectores de alta tecnología como los semiconductores, el software, la inteligencia artificial, la industria farmacéutica, la aeronáutica etcétera estén monopolizados por unos pocos conglomerados transnacionales con sede en las economías avanzadas. Otros países reclamarán su parte.

La política industrial en los países en vías de ascenso es costosa, como cuando China se mete a desarrollar el avión Comac 919, su alternativa al Boeing 737 o al Airbus 320. Puede perjudicar estas compañías occidentales, pero para el resto del mundo significa más opciones y, probablemente, precios más bajos. El avión sigue dependiendo en gran medida de componentes provenientes de países occidentales, entre ellas los motores. Pero eso probablemente cambiará con el tiempo. Foto de wikipedia.

Un mercado mundial más fragmentado implicará una costosa duplicación de la inversión en el desarrollo de muchos productos, pero también conllevará una competencia sana y disminuirá la concentración de poder. Por ejemplo, el desarrollo de nuevos aviones comerciales que China y Rusia están llevando a cabo actualmente para competir con Boeing y Airbus es un emprendimiento costoso, pero para la gente de todo el mundo significará más opciones y probablemente precios más bajos. Lo mismo ocurre con el desarrollo de chips por parte de China para competir con Intel, AMD y Arm, igual que el reciente lanzamiento por parte de China de la Inteligencia Artificial DeepSeek para competir con OpenAI/ChatGTP. Y así sucesivamente. En una década o dos probablemente podamos añadir a la India a esta lista de nuevos competidores. En lugar de lamentarlo, el mundo debería regocijarse.

La administración Biden pretendía crear una versión más simple de la globalización: continuación de la globalización neoliberal en un grupo selecto de "democracias", básicamente la OTAN+, añadiendo algunos países en desarrollo dóciles, pero aislando a las "dictaduras" (Rusia y China). Pero este nuevo modelo de globalización topó con la falta de voluntad de la mayoría de los países del Sur Global a participar (India, Indonesia, Brasil, Vietnam, Sudáfrica, Nigeria, etc.). Están perfectamente satisfechos con más opciones y cooperarán con gusto tanto con los países de la OTAN+ como con China y Rusia, según lo que consideran más conveniente.

El ex-presidente Biden propuso crear una alianza de países democráticos, como una replica de la división del mundo en Occidente y Oriente durante la Guerra Fría. No prosperó por la falta de interés por parte de la mayoría del Sur Global. Foto de Institut Montaigne.

En la actualidad, Estados Unidos y la Unión Europea están sancionando conjuntamente a China para tratar de impedir el surgimiento de un competidor serio, y ambos están adoptando políticas industriales para fortalecer su posición en sectores clave, principalmente de la alta tecnología, Estados Unidos de forma agresiva (sobre todo con la ley de chips y la ley llamadade reducción de la inflación” - que tiene de todo salvo medidas contra la inflación) y la Unión Europea de forma tímida. No está claro exactamente cómo piensa el presidente Trump continuar con esta política. Parece que él prefiere imponer aranceles a las importaciones y pues hacer “tratos” con las grandes empresas estadounidenses que se benefician de estos aranceles, en lugar de proporcionar subsidios y exenciones fiscales a industrias seleccionadas (he descrito las políticas de la Unión Europea en un artículo anterior).

¿Dónde estamos entonces ahora?

Definitivamente, ha regresado un cierto nivel de planificación económica y “dirigismo”, tanto en las economías avanzadas como en el Sur Global, y va a seguir así en un futuro próximo. Si miramos más allá del esfuerzo de la OTAN+ por mantener su dominio sobre China, Rusia y la mayor parte del Sur Global, hay razones para esto, que no tienen nada que ver ni con el Covid ni con la transición verde ni con la democracia versus el autoritarismo. Lo que ocurre es que la tecnología moderna, por su naturaleza, tiende a crear mercados monopolísticos. Aparte de los llamados “monopolios naturales” (carreteras, ferrocarriles, suministro de agua, suministro de electricidad, etc.), la “antigua” forma de crear poder monopolístico se basaba principalmente en las economías de escala: cuanto mayor es la escala de producción, menor es el costo de producción, por ejemplo, de un saco de cemento o de un carro. La economía de escala en la producción sigue siendo importante, pero ahora hay otros factores que son igual de importantes. El costo de la investigación y el desarrollo de muchas tecnologías nuevas, por ejemplo, un nuevo cohete espacial, un nuevo avión comercial, un nuevo proceso para producir chips cuánticos o un nuevo fármaco etcétera, es normalmente muy grande, lo que significa que las empresas que son las primeras en el mercado y han incurrido en estos altos costos (los economistas los llaman “costos hundidos”) se convertirán fácilmente en monopolios o cuasi-monopolios, ya que será difícil para los recién llegados entrar en el mercado. Otra fuente más reciente de monopolio son los “efectos de red”, que son especialmente importantes en las redes sociales. Cuanto mayor es la escala (audiencia), mayor es el atractivo y más difícil para otras empresas crear redes competitivas. Estos monopolios tienden a concentrarse en unos pocos países avanzados y son una fuente importante de su riqueza. Así que, si un otro país quiere demandar un pedazo del pastel, necesita planificación económica y una política industrial.

La globalización neoliberal está en crisis, pero el neoliberalismo sigue vivo y coleando en los países ricos: desregulación, rechazo de la propiedad colectiva (estatal), movimiento casi libre de capital, papel dominante del capital financiero y los fondos de inversión, desigualdad extrema, etc. Ninguno de estos factores ha sido seriamente cuestionado. Al mismo tiempo, la situación presenta nuevas oportunidades y riesgos para la gente común de las economías avanzadas. Existe la posibilidad de lograr la creación de empleos de calidad mejor pagados, pero como se requiere grandes cantidades de capital para esta nueva política industrial, también existe la posibilidad de que todo quede en manos del capital financiero. Los enormes fondos de inversión nacionales e internacionales financiarían con mucho gusto estas inversiones, siempre y cuando los gobiernos garanticen el rendimiento (“de-risking”). Por lo tanto, es desafortunadamente probable que los costos se “socialicen” y las ganancias se “privaticen”.

O sea, que todo sigue igual.

 

En otro artículo analizaremos más a fondo este tema.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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