Por supuesto que la UE no se está facilitándo la vida con las puertas giratorias que hay entre los puestos más altos en la UE y puestos altamente remunerados en el sector privado. Como es el caso del ex-presidente de la Comisión Europea, Barroso, que ha pasado a trabajar para el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs, uno de los responsables de la crisis financiera de EE.UU. (los famosos préstamos “subprime”). O el hecho de que el actual presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, haya hecho tratos con Amazon y McDonald's para bajar el pago de impuestos, cuando era primer ministro de Luxemburgo. Pero la UE comparte este tipo de escándalos con sus países miembros, donde hay puertas giratorias doradas por doquier. Incluso en la supuestamente super limpia Dinamarca, donde Bjarne Corydon, que era ministro de Finanzas bajo el gobierno de Helle Thorning-Schmidt, a finales de 2015 pasó a trabajar para la empresa consultora internacional McKinsey, a la cual el había adjudicado varios contratos cuando era ministro. Por supuesto, criticar esto sería populismo, pero es otra historia, de la cual nos ocuparemos en otro artículo.
La UE enfrenta una serie de problemas que al parecer la Unión considera que no puede hacer nada para resolver, o, peor aún, no considera que son problemas. Cabe destacar los siguientes:
1. El fracaso en lograr el desarrollo de los países más pobres que la UE ha estado absorbiendo en el Sur y el Este de Europa, llevando a un flujo masivo de migrantes hacia el Norte y el Oeste de la UE.
2. El interminable proceso de ampliación, aparentemente imparable, independientemente de la falta de respaldo popular en los países miembros.
3. La falta de un enfoque común mínimo dentro de la UE en materia fiscal, lo que implica una competencia entre los países para ofrecer impuestos más bajos, sobre todo para las grandes empresas y los ultra-ricos.
Veamos primero el legado de la UE en relación con el desarrollo económico en las regiones más atrasadas: el sur y el este de Europa. Todos han seguido más o menos el mismo patrón: al inicio un salto en el crecimiento económico, seguido por crecimiento lento o estancamiento. Esto es más evidente para los países que adoptaron el euro, pero se extiende más allá de la zona euro, especialmente para los países que tratan de mantener un tipo de cambio fijo respecto al euro. En lugar del esperado crecimiento económico y la rápida convergencia con las regiones más desarrolladas de la UE, muchos países, particularmente de Europa del Este, han tenido una fuerte emigración hacia los "viejos" países de la UE y se han vuelto dependientes de las remesas internacionales de sus compatriotas trabajando en el exterior.
En algunos casos, la emigración ha alcanzado proporciones asombrosas. Como se afirma en un reciente informe del FMI: "La escala de emigración de Europa central, oriental y sudoriental desde principios de los noventa ha sido asombrosa. Se estima que casi 20 millones de personas (5½% de la población) han abandonado la región durante los últimos 25 años. A finales de 2012, el Sudeste de Europa había experimentado los mayores flujos de salida, que representaban alrededor del 16 por ciento de la población que tenía a principios de los años noventa".
Las cifras realmente son asombrosas: la población de Bulgaria se ha reducido de 9 millones en 1989 a un estimado de 7,1 millones en 2016, lo que significa que ha perdido uno de cada cinco de sus ciudadanos. La tendencia en los países bálticos es muy similar, perdiendo 20-25% de la población que tenían al momento de la desaparición de la Unión Soviética. En el resto de los Balcanes, la pérdida de población es de alrededor del 10% y en Europa Central la caída de la población es más moderada (1-10%). Portugal y Grecia ya están viviendo una disminución de su población debido a la emigración, pero todavía no a una escala alarmante.
Una cosa es la despoblación - si la tasa es moderada, no debe ser causa de alarma. Pero, como se señala en el informe del FMI, la tasa no es moderada, y los emigrantes tienden a ser más jóvenes y con mayor nivel educativo que los que quedan atrás. Esto no augura bien para el futuro.
¿Por qué será? En realidad no debería ser ninguna sorpresa. La combinación de pocas oportunidades económicas en el país de origen y la libre circulación de la mano de obra está destinada a crear una ola migratoria masiva.
Cualquier otra cosa habría sido una sorpresa.
Pero ¿no se supone que la adhesión a la UE conllevaría un rápido crecimiento económico y, por lo tanto, muchas oportunidades en los nuevos países miembros? Toda la filosofía de la UE se basa todavía en el antiguo "Consenso de Washington" que surgió después de la caída de la Unión Soviética: mercados libres, fronteras abiertas, privatizaciones, seguridad de las inversiones extranjeras y finanzas públicas equilibradas. Entonces, el crecimiento económico vendría automáticamente. A pesar de que esto no es cómo históricamente se desarrollaron los "viejos" países de la UE. Y a pesar de que el modelo no ha funcionado en ningún otro lugar. Mire el caso de Puerto Rico, un pequeño país caribeño que ha sido absorbido por los Estados Unidos. Es un caso tristemente similar a Grecia, quizás un poco peor. Así que: sorpresa, sorpresa. El modelo no funcionó. Esto no ha cambiado nada para la UE: la política continúa como si todo marchara sobre rieles. Esta inercia es una de las características más sorprendentes de la máquina política y burocrática de la UE. Es inmune a los hechos cuando ellos van en contra del pensamiento dominante.
Luego, al otro asunto importante: el imparable proceso de ampliación de la UE. Esta es una máquina de la UE que parece haber llegado a tener su propia vida. Cada año, la Comisión adopta su "Paquete de ampliación", un conjunto de documentos que explican su política de ampliación y señala el camino a seguir: "La política de ampliación de la UE es una inversión en paz, seguridad y estabilidad en Europa. Proporciona mayores oportunidades económicas y comerciales para el beneficio mutuo de la UE y de los Estados que aspiran a ser miembros. La perspectiva de la adhesión a la UE tiene un poderoso efecto transformador en los países afectados, incorporando un cambio democrático, político, económico y societario positivo". Así reza el credo de la UE.
Hay cinco candidatos reconocidos para adherirse a la UE en el futuro cercano: Turquía, Macedonia, Montenegro, Albania y Serbia. A esto hay que agregar a Bosnia y Herzegovina y Kosovo como posibles candidatos. Además, en 2014 la UE firmó Acuerdos de Asociación con Georgia, Moldavia y Ucrania, y el Parlamento Europeo aprobó una resolución que reconoce la "perspectiva europea" de estos tres países post-soviéticos. Se ha establecido todo un sistema complicado con hitos y listas de chequeo, que conducirían al objetivo final: la adhesión a la UE.
Este escenario color rosa es absolutamente inmune al hecho de que la UE está completamente sobrecargada y ni siquiera puede enfrentar los desafíos que ya ha asumido. Uno de los casos más patéticos es Bosnia, un territorio bajo administración de la UE después del exitoso bombardeo humanitario de Yugoslavia por parte de la OTAN y la capitulación posterior del país en 1999. Esto, supongo, debería mostrar el potencial de la UE: Récord mundial de desempleo juvenil, emigración masiva, falta de desarrollo económico y disturbios civiles devastadores en 2014. Tras fracasar en Bosnia, la UE asumiría ahora la tarea de resolver los problemas en Ucrania, Turquía, Georgia, Armenia, Bielorrusia .... La lista es larga.
También es inmune al hecho de que la población de los países miembros de la UE no está nada entusiasmada al respecto. Poco después de Brexit, la noticia era que ahora la UE reabriría las negociaciones con Turquía. Uno de mis colegas británicos (vehemente contra Brexit) exclamó exasperadamente: "Simplemente no lo logran entender, ¿verdad?" No, por desgracia para la UE, no parecen entender. Son inmunes a la realidad.
Y luego al tercer problema: la falta de una mínima política fiscal común europea. Esto evidencia una de las características más importantes de la forma en que se impone la globalización: se trata básicamente de una desregulación. Eliminar las barreras entre los países y dejar que reine la libre competencia. Por ende, cualquier intento de gravar o controlar una empresa global es en vano: puede moverse como quiere y negociar con países individuales para lograr mejores condiciones. No podemos hacer nada al respecto. Así que cuando Irlanda, Letonia y Lichtenstein tienen una tasa de impuesto a las empresas de 12,5-15% para así atraer a empresas extranjeras, es un hecho de la vida. No importa que sea dentro de la UE y, por tanto, bajo la jurisdicción de la UE. No podemos hacer nada al respecto. Cuando, entre otras cosas, Francia y Alemania después de la crisis financiera de 2009 quisieron introducir un impuesto sobre las transacciones financieras, no podían hacerlo porque el Reino Unido estaba en contra (sorprendentemente, con apoyo del entonces gobierno socialdemócrata danés).
Y entonces, ¿nos preguntamos por qué la gente ha perdido la confianza en la UE para resolver problemas reales para la gente común? La UE está demasiado ocupada privatizando las empresas públicas en Grecia y Portugal - para los políticos y la burocracia de la UE, esos son los verdaderos problemas con los que deben lidiar.
Pobre Unión Europea.
