16 06 2023

El jardín, la jungla y los civilizadores

El jardín y la jungla El jardín y la jungla Xinhua/Ding Haitaohttps://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f8/Mount_Edgcumbe%2C_Cremyll_%28Cornwall%29_-_English_Garden_House.jpg Delta 51, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons and https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b1/Tropical_everg

La mayor parte de la izquierda europea y norteamericana se considera los guardianes de los derechos y valores universales. Hacen campaña a favor de sanciones y -en caso necesario- de la intervención militar contra los países o "regímenes" que no estén a la altura de estas normas universales, y esperan que sus gobiernos, Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN lleven a cabo las medidas punitivas necesarias para hacer cumplir las normas. No se han dado cuenta de que esto ya no es posible. Sobrepasa la capacidad del imperio.

La población de Norteamérica, la UE y algunos otros países desarrollados vive en lo que el representante de Asuntos Exteriores de la UE, José Borrell, denomina "el jardín": países prósperos donde todo funciona y rige la democracia y el Estado de Derecho. Fuera de los muros de este jardín encontramos, según él, "la jungla": una zona de desorden, guerra, conflicto, pobreza, anarquía y tiranía. La población del jardín constituye sólo una fracción de la población mundial -alrededor del 16%-, pero se supone que representa a la civilización mundial.

¿Qué hacer con los salvajes que viven en la jungla? Según Borrell, los habitantes del jardín no pueden ignorar a la jungla, porque tarde o temprano ésta invadiría el jardín. Por lo tanto, el jardín tiene que comprometerse con la jungla para intentar civilizarla. Pero el compromiso tiene otros motivos. En primer lugar, la jungla posee muchos de los recursos naturales que necesita el jardín. En segundo lugar, el jardín tiene el problema de que la población en edad de trabajar está mermando, por lo que piensa que necesita gente, sobre todo para los trabajos de servicios mal pagados, y en la jungla hay una abundancia de gente. Y por último, en el jardín hay mucha buena gente, cuyo corazón late por los pobres y oprimidos de la jungla. Todo esto hace necesario que el jardín se relacione con la jungla.

Sin embargo, hay un pero. Aunque muchos países de la jungla son pobres y, por tanto, no muy poderosos, algunos de ellos se están desarrollando rápidamente y tienen hoy por hoy un poder económico y militar cada vez mayor: China, India, Rusia, Brasil, Irán, Indonesia, México, etcétera, pero, por desgracia, no han logrado convertirse en civilizados. Así que permanecen en la jungla. Por cierto, no están amenazando el jardín, pero se están volviendo poderosos en la jungla, y en algunos casos incluso están desplazando a los países del jardín, en Asia, África y (lo siento Monroe) América Latina. Por lo tanto, ahora se les considera una amenaza, no para el jardín como tal, pero su influencia maligna está amenazando la misión civilizadora que el jardín está llevando a cabo en la jungla.

En el jardín, existe una opinión minoritaria, compartida por algunos conservadores, que aboga por el "realismo". Piensan que es imposible, o demasiado costoso, intentar convertir la jungla en un jardín. Así que sugieren dejar que los países de la jungla se cuecen en su propio jugo y proponen limitarse a relacionarse con ellos para sacarles la máxima ventaja: materias primas, mercados, etc., pero descartan la idea de civilizar la jungla. Sin embargo, la opinión mayoritaria es que el jardín debe ser activista, opinión compartida por la mayor parte de la derecha y la izquierda políticas. Se aboga por exigir un comportamiento civilizado como condición para relaciones comerciales y financieras, apoyar a la oposición civilizada y a la "sociedad civil" en los países de la jungla, castigar a los peores infractores con sanciones, impedirles relaciones con el jardín, etc. Además, si es necesario, intervenir militarmente para proteger a los habitantes de la jungla de gobiernos malignos y llevar los criminales ante un tribunal internacional para que sean juzgados y castigados; esto tiene incluso su propio nombre: la responsabilidad de proteger (o R2P, por sus siglas en inglés).

Los activistas, también llamados idealistas, internacionalistas liberales o halcones liberales, se han impuesto en Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial, y este país está marcando la pauta para el resto de los países del jardín. La ventaja es que permite combinar lo útil con lo agradable (o "omne tulit punctum, qui miscuit utile dulci", como escribió Horacio): son bienhechores, y al mismo tiempo es rentable, ya que obtienen acceso a recursos naturales y mercados.

Dos idealistas civilizadores: El halcón demócrata Hilary Clinton y el halcón neo-conservador republicano Dick Cheney (difunto). Ambos ex vicepresidentes de Estados Unidos y defensores de las intervenciones militares en todo el mundo para propagar la democracia y los derechos humanos. Foto: wikimedia commons (CIA y Gobierno de Bengala Occidental).

El reto es que cada vez es menos rentable ser civilizadores. El costo de las intervenciones extranjeras para el jardín no deja de aumentar, por lo que la rentabilidad está en peligro. Los países de la jungla empiezan a poner más resistencia y es cada vez más difícil conseguir que los países bien portados de la jungla se unan al jardín en sus guerras civilizadoras contra los países malignos de la jungla. A Estados Unidos le costó mucha doblegada de brazos reunir a la "coalición de los dispuestos" para apoyar la invasión de Iraq en 2003, y aun así, la mayoría de los países más grandes de la jungla se negaron a participar (y en honor a la verdad, también algunos países del jardín como Alemania y Francia). En el actual conflicto entre el jardín y Rusia, muy pocos países de la jungla se han unido a las sanciones contra Rusia, por lo que han sido necesarias amenazas de "sanciones secundarias" para conseguir una mínima cooperación de al menos parte de la jungla. Las sanciones secundarias se basan en el principio de que "El que no está conmigo, está contra mí" (Mateo). Hasta ahora, han tenido un éxito limitado, logrando obligar a algunos países de Asia Oriental, como Corea del Sur, a sumarse a las sanciones estadounidenses contra China. Así pues, la política exterior activista o, como suele llamarse, "basada en valores" es una tarea cuesta arriba, y la cuesta es cada vez más empinada.

Hay otro problema. Como era de esperar, las sanciones "basadas en valores" contra determinados países malignos, y particularmente la amenaza de sanciones secundarias, han despertado recelos entre los países de la jungla, incluso entre los que se portan bien. ¿Y si soy el siguiente de la lista? Parafraseando a Martin Niemöller: Primero vinieron por los rusos, y no dije nada porque no soy ruso. Luego vinieron por los chinos, y no dije nada, porque no soy chino. Luego vinieron por mí....... Este sentimiento va en aumento, y muchos países de la jungla buscan formas de disminuir su vulnerabilidad, por si acaso. Por supuesto, visto desde el jardín, esto es una babosada: “Nosotros somos bienhechores. Sólo perseguimos a los malos, así que compórtense y estarán perfectamente a salvo". Pero, por extraño que parezca, estas aseveraciones no convencen a la jungla.

Mientras el jardín lucha por mantener el control de la jungla, con humillantes derrotas en Iraq, Afganistán y Siria, y el desastre que sigue evolucionando en Libia, el jardín considera el conflicto de Ucrania como existencial. Simplemente tiene que imponerse allí. Sin embargo, es poco probable que el jardín y Ucrania ganen la guerra, aun si la contraofensiva ucraniana en curso resultara exitosa. La probabilidad de que lo sea disminuye día a día, a medida que los tan cacareadas “wunderwaffen” de la OTAN arden en el campo de batalla en Ukrania. Aun así, el jardín no parece comprender la lección: los conflictos deben prevenirse mediante el diálogo y la diplomacia, basándose en un análisis realista de las causas y las fuerzas implicadas. La retórica grandilocuente sobre una política "basada en valores" es el camino directo al infierno.

Las "wunderwaffen" de OTAN en Ucrania.

Antes de que el mundo entero se vea envuelto en una guerra total, es hora de que el jardín rebaje las ambiciones de su misión civilizadora "basada en valores". Debe admitir que, aunque quiera, no tiene el poder económico y militar para imponer sus valores a los países recalcitrantes y malignos de la jungla, independientemente de lo universales que sean estos valores. El jardín tiene que encontrar la manera de convivir con la jungla tal y como es, por exasperante que le parezca, y no puede obligar a los países más pequeños de la jungla a elegir entre el jardín y las fuerzas malignas. Esto no significa que no pueda expresar su opinión e intentar convencer a la jungla de que adopte sus valores, universales o no. Puede hacerlo, igual que los misioneros religiosos pueden intentar convertir a la gente. Pueden hacerlo mostrando un buen ejemplo de cómo la democracia y el respeto de los derechos humanos y de las minorías propician una sociedad próspera y no demasiado desigual. Pero ya no pueden hacerlo por la fuerza. Aquellos tiempos ya pasaron.

Los talibanes patrullando Kabul en un vehículo norteamericano Humvee capturado, 2021. La OTAN considera que no puede aceptar otra derrota como esta.

El mensaje es que en este nuevo mundo multipolar es necesario que el jardín se siente con sus adversarios de la jungla e intente encontrar una nueva forma de relaciones internacionales. Esto implica restaurar la diplomacia a la antigua (de antes de que todo se convirtiera en "basado en valores", por lo que significa hablar incluso con personas que el jardín considera monstruos), alcanzar nuevos acuerdos de control de armas con la participación de todas las potencias nucleares, restaurar la confianza, crear mecanismos para disminuir las tensiones, etcétera. También significa reorganizar las instituciones internacionales creadas tras la Segunda Guerra Mundial, para que reflejen la nueva distribución del poder económico y militar en el mundo, en primer lugar el Consejo de Seguridad, pero también otras agencias de la ONU, el FMI, etc.

También hay un mensaje importante para la izquierda política y los guerreros de los derechos humanos. Los gobiernos extranjeros que persiguen a opositores políticos, reprimen a los trabajadores organizados, infringen a los derechos humanos, etc., deben ser condenados, y es legítimo que pidan a su gobierno que se niegue a recibir a tal o cual dirigente extranjero considerado directamente responsable de crímenes odiosos. Es un deber solidarizarse con las organizaciones populares de los países donde son perseguidas. Pero deben pensarlo dos veces antes de pedir a su gobierno que sancione a tal o cual país, o peor aún, pedirle que intervenga militarmente. A esta altura sobrepasa la capacidad del imperio. El imperio ya no está ahí para actuar en su nombre. Si es que alguna vez lo estuvo.

El imperio español en una misión civilizadora en México.

Resulta difícil decidir si reír o llorar al ver cómo los partidos de izquierda europeos abandonan su tradicional postura antibelicista y celebran la OTAN como una fuerza para el bien. Como afirma un comentarista en "The American Conservative": La nueva izquierda ha "reconstruido la imagen de potencias no occidentales como Rusia y China como fuerzas reaccionarias que deben ser erradicadas por el poderío estadounidense y occidental". “El mundo "ahí afuera" está dominado por avatares del patriarcado y la represión, que imponen el pudor a las mujeres, restringen la libertad reproductiva y limitan la representación de la comunidad LGBTQ". Y la principal defensa contra todas estas fuerzas oscuras son ahora el ejército estadounidense y la OTAN. Imagínense.

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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