Parece probable que Rusia salga de la guerra de Ucrania como una potencia militar más fuerte que antes, con una economía relativamente estable y en crecimiento, y lejos de ser el paria internacionalmente aislado que la OTAN esperaba hace tres años. Es poco probable que el fin de la guerra implique el fin de las sanciones, por lo que el proceso probablemente continuará de reorientación de su comercio internacional del Occidente al Oriente y Sur, de cambio de su estructura económica, de reindustrialización y de mejora de su capacidad tecnológica.
El fin de la guerra en Ucrania supondrá un desafío inmediato para Rusia, ya que será necesaria una transición de la producción militar a la civil. Históricamente, la transición de la guerra a la paz ha conllevado en muchos casos una recesión en las economías capitalistas, como fue el caso de Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Rusia tiene el privilegio de ser un importante exportador de petróleo, gas, minerales, cereales etc., lo que en condiciones normales implicaría que el Gobierno tiene una capacidad financiera considerable, lo que potencialmente le permite gestionar la transición de la guerra a la paz sin demasiados sacrificios económicos para la población. Cuando termine la guerra, será necesario desmovilizar a un gran número de soldados y otro personal militar, y aunque la producción de material bélico continúe durante un tiempo para restablecer las existencias y cumplir con los pedidos de exportación aplazados, los pedidos para las industrias militares sin duda disminuirán. Por lo tanto, la tarea consistirá en transferir el personal y los recursos financieros liberados a la producción de bienes de uso civil. Teniendo en cuenta la actual falta de mano de obra en toda la economía rusa, la reinserción de los desmovilizados no debería ser una tarea demasiado difícil, pero, por supuesto, requerirá inversiones en capacitación profesional. Tomando en cuenta que las empresas estatales, muchas de ellas integradas a la Corporación Rostec, son responsables de la mayor parte de la producción de armas, y que la mayoría de ellas también producen productos para uso civil (en el caso de Rostec en su conjunto, la parte civil es de alrededor del 46%), el Gobierno sin duda les encargará de aumentar la proporción de productos de uso civil. La mayor parte de la destrucción en Ucrania se ha producido en el Donbass, bajo control ruso, no en el centro y el oeste de Ucrania, y Rusia tendrá que hacer grandes inversiones en la reconstrucción, como ya lo ha hecho en la ciudad de Mariupol después de 2022. A esto se suma que se hay importantes proyectos de inversión en infraestructuras nacionales, tanto en curso como planificados, que significa que el sector público va a mantener una demanda alta (ampliación de la red ferroviaria y de autopistas, construcción de ferrocarriles de alta velocidad, de los cuales actualmente se está construyendo la línea San Petersburgo-Moscú, ampliación de puertos y aeropuertos, etc.). Por lo tanto, no veo muy probable que se produzca una crisis económica después de la guerra.

La corporación estatal Rostec es responsable del suministro del 80% de las armas para la guerra en Ucrania, pero casi la mitad de su producción son productos de uso civil, entre ellos aviones comerciales (en la foto, el MC-21 con motores nacionales PD-14 - casi todos los componentes extranjeros ya han sido sustituidos por nacionales y el avión todavía está en proceso de certificación).
En los años noventa, la privatización criminal de los activos estatales por parte del presidente Boris Yeltsin condujo a la formación de una clase oligárquica. Esta nueva clase estaba principalmente interesada en activos que pudieran producir ganancias rápidas, por lo que se interesaban principalmente por los recursos naturales: petróleo, gas, minerales, etc. También se apoderaron de empresas industriales, pero pocos mostraron interés en desarrollarlos, por lo que las utilizaron como una fuente de ganancias a corto plazo y las dejó decaer. Miles de empresas productivas fueron simplemente despojadas de sus activos y cerradas. Esta nueva clase ejercía un enorme poder político bajo Yeltsin, pero como tenían dudas de lo que les depararía el futuro, muchos de ellos se llevaron su capital y se establecieron en países occidentales, con una preferencia por Londres, Israel y Chipre, y se aseguraron de obtener un segundo pasaporte por si las moscas. Su principal fuente de ingresos seguía siendo sus empresas en Rusia, que en muchos casos ahora eran propiedad formal de “holdings” establecidos en el extranjero. Estos oligarcas se hicieron famosos por sus lujosas mansiones, megayates y suntuoso estilo de vida, mientras que sus trabajadores en Rusia recibían un salario miserable. Rusia dependía en aquellos años principalmente de las exportaciones de recursos naturales e importaba la mayor parte de lo demás.

Ésos eran los días felices. En la foto el privatizador en jefe Anatoly Chubais estrecha la mano del director del FMI Michel Champdessus en 1997. Llevaron a cabo lo que se ha llamado el "robo del siglo", en el que un pequeño grupo de personas se apoderó de la riqueza de Rusia bajo la mirada benévola de las potencias occidentales. Después de llevar a la quiebra a la empresa estatal Rosnano, Chubais se encuentra ahora en un exilio autoimpuesto en Israel, donde ha abierto un centro de estudios. La mayoría de su personal directivo en Rosnano está detenida o prófuga, acusada de malversación de fondos. Por alguna razón extraña no hay ninguna orden de arresto contra el propio Chubais (¿quizás su viejo amigo Vladimir Putin lo esté protegiendo?).
Durante la primera década de este siglo se produjeron algunos cambios. Vladimir Putin, que sucedió a Yeltsin en el poder en 2000, en una reunión básicamente les dijo a estos oligarcas que podían conservar sus fortunas malhabidas, pero que debían mantenerse al margen de la política (dando a entender que pasarían de ser verdaderos oligarcas, es decir, ricos y políticamente poderosos, a ser “solamente” ricos). Las demás empresas estatales, muchos de ellas con serios problemas económicos, fueron concentradas en una seria de corporaciones estatales: Rostec, Rosatom, Rosneft, Gazprom, Roscosmos, Rosetti, etc., y la mayoría de ellas son ahora rentables (Roscosmos tuvo problemas en 2024 tras perder a sus clientes occidentales). Estas corporaciones estatales son ahora una parte importante de la base de poder del Gobierno ruso. Desde 2022, los magnates rusos que viven fuera del país se han visto obligados a o trasladar sus empresas a Rusia o venderlas a residentes en Rusia. Varios de ellos se han distanciado de Rusia y han renunciado a su pasaporte ruso, y muchos de ellos viven ahora en Israel.
La política industrial implementada en Rusia desde 2014, y particularmente desde 2022, ha conllevado la aparición de una nueva clase de capitalistas con poca relación con los viejos oligarcas, y el peso de las pequeñas y medianas empresas en la economía, aunque todavía bajo, ha aumentado a alrededor del 20% del PIB y se proyecta que aumentará sustancialmente en el futuro. Ha aparecido un nuevo sector económico de alta tecnología, que incluye empresas de TI y comercio electrónico, y Rusia ahora tiene nuevos multimillonarios que poseen empresas como Wildberries y Ozon (“El Amazon ruso”), Yandex (“El Google ruso”), Telegram (“El Whatsapp/X ruso”), C1 (“El SAP ruso”) y similares. Ha aparecido un nuevo grupo de industriales, vinculados al mercado interno ruso y dependientes de los programas gubernamentales para estimular la sustitución de importaciones y la “soberanía tecnológica”, por lo que sus intereses no son idénticos a los de los viejos oligarcas. En realidad, dependen de que la actual política industrial continúe, al menos hasta que hayan consolidado sus negocios y estén listos para soportar una mayor competencia de empresas extranjeras.

Entre los nuevos multimillonarios tecnológicos se encuentra Tatyana Kim. Era profesora de inglés, pero durante su período de maternidad puso en marcha una tienda online, Wildberries, que desde entonces se ha convertido en un negocio multimillonario (el “Amazon ruso”). Foto de Wikipedia.
Es poco probable que este cambio de política y, por tanto, de composición de las clases dirigentes hubiera podido producirse sin las sanciones occidentales. En realidad, los países occidentales han hecho un favor a Rusia persiguiendo a los magnates rusos que viven en Occidente y confiscando sus bienes, ya que esto ayuda a combatir la fuga de capitales (su dinero está ahora menos inseguro en casa que en el extranjero). La discriminación contra todo lo ruso en Occidente también ha ayudado a Rusia a combatir la “fuga de cerebros”, ya que hace que a los científicos y especialistas en tecnología les resulte menos atractivo quedarse allí, y al mismo tiempo la pujante economía rusa les abre muchas oportunidades en su país. Al parecer, muchos de ellos están regresando ahora a Rusia.
El limitar la corrupción será un reto, ya que la política industrial, que depende en gran medida de subsidios estatales, crea muchas oportunidades para negocios turbios. Actualmente hay una avalancha de casos de corrupción de alto perfil que se están investigando y llevando a los tribunales, pero es difícil saber si eso se debe a que la corrupción haya aumentado o a que el Gobierno esté adoptando medidas más duras contra la corrupción. También ha habido varios casos de revisión de la legalidad de privatizaciones anteriores que han dado lugar a nuevas nacionalizaciones (o desprivatizaciones como lo llaman).

En Rusia se han producido recientemente varios casos de corrupción de alto perfil, entre ellos el del viceministro de Defensa, Timur Ivanov (en la foto), que ha sido detenido, acusado de aceptar sobornos. No está claro si esto se debe a que la corrupción esté aumentando o a que las autoridades se hayan vuelto más duros contra los corruptos.
Una vez que termine la guerra, grupos poderosos del país, tanto del sector empresarial como de la burocracia estatal, sin duda presionarán para que se vuelva a un acercamiento con el Occidente, a las políticas neoliberales y a la priorización de las exportaciones de recursos naturales, un modelo que les funcionó de maravilla en el pasado. Pero implicaría que se perderían gran parte de las inversiones realizadas en la “soberanía tecnológica”, y para una parte importante de los trabajadores y la nueva clase de capitalistas, el levantamiento de las sanciones occidentales es más un riesgo que una oportunidad. Será interesante ver cómo termina eso. Por supuesto, el presidente Vladimir Putin será el gran árbitro en esta lucha interna de poder, y parece que no está dispuesto a volver a las viejas políticas, que él mismo antes favorecía, incluso si se levantan parcialmente las sanciones. Mientras él esté en el poder, probablemente se mantendrá el rumbo actual.
Como medio para renovar la “élite” rusa, el Gobierno ha puesto en marcha un programa llamado “Tiempo de Héroes”, administrado por la Escuela Superior de Administración Pública, RANEPA. El programa recluta a soldados y veteranos de guerra que se han distinguido en el campo de batalla para que reciban formación y educación con el objetivo de ascenderlos posteriormente a puestos de responsabilidad en la administración y las empresas públicas. Según el presidente Putin, “la (vieja) élite ha perdido credibilidad debido a individuos que acumulaban riqueza para sí mismos durante el caos económico de los años 90”. A saber si le va a funcionar.
Lo que va a pasar cuando el presidente Putin ya no esté es, por supuesto, una pregunta abierta. Mi conjetura es que la mayoría de la gente común en Rusia no estará dispuesta a volver al neoliberalismo de los tiempos de Yeltsin, y que los funcionarios gubernamentales orientados a la tecnología y los cuadros dirigentes de las empresas estatales, junto con parte de las nuevas clases capitalistas vinculadas al desarrollo industrial y tecnológico nacional, funcionarán como un poder de contrapeso a los viejos oligarcas. Pero, por supuesto, es solo una conjetura.
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Llevo años escribiendo sobre Rusia y la economía rusa (desde 2014). No soy en absoluto un experto en Rusia, ni hablo el idioma, pero debido a todas las tonterías evidentes que los supuestos expertos están publicando en los medios dominantes, he sentido la necesidad de leer lo que escriben personas mejor informadas y analizar los datos por mí mismo. Para leer artículos anteriores sobre la economía rusa, pulse los enlaces que aparecen a continuación.
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